El circo de Trump
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El circo de Trump

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El circo de Trump

04/07/2019
Actualización 04/07/2019 - 14:29

El showman de la geopolítica volvió a aparecer en Osaka, y convirtió al G-20 en otra más de sus gustadas producciones televisivas de entretenimiento. Y cuando los líderes del mundo piensan que ya tienen diagnosticado a Donaldo Juan Trump (así se llama en castellano) este les aparece con otra sorpresa.

Camino a Osaka la semana pasada, entre tuit y tuit sobre los debates demócratas, todo normal con Trump criticando a Alemania, Japón e India, sus aliados. Al llegar, poniendo la cumbre en segundo plano, se reunió, primero en público, y después en privado, con su cuate del alma, Vladimir Putin. El acceso a la prensa a este evento fue curioso. Primero, entró la prensa rusa, mientras discutían, entre risa y risa, la lata que daban los medios independientes. Putin tiene en su cuenta personal a por lo menos cuatro periodistas asesinados. Aunque, como es lógico, no hay manera de comprobarlo, todos los informes de servicios de inteligencia apuntan a ello. Además, les parece gracioso. Esta parte del encuentro la difundió ¡el Kremlin!

Minutos después, entró la prensa de Estados Unidos. Preguntaron a Trump que si advertiría a Putin de no interferir en la elección de EU en 2020. Trump, claramente bromeando, y disfrutándolo, volteó hacia Putin y le dijo, “no interfieras, no interfieras” mientras ambos reían de buena gana. Es decir, una abierta invitación a que lo ayude en la elección. Oooootra vez. Ya lo que se dijeron en privado, no lo quiero ni imaginar.

La cumbre entera despidió un fuerte olor a autoritarismo. Otro protagonista importante fue el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed-bin-Salman. Pese a la acusación directa de la CIA, culpando a MBS, como le dicen, de la muerte y destazamiento del periodista saudí del Washington Post, Jamaal Kashoggi, Trump le prestó todo tipo de deferencias, se negó a hablar del reporte de la CIA, y de hecho, afirmó que el príncipe “estaba muy molesto” por el asesinato de Kashoggi. En Riyadh, siguen un juicio que, seguramente, costará la vida a los incautos autores materiales del crimen, quienes actuaron bajo instrucciones directas del príncipe. Salman, por cierto, será el anfitrión del G-20 del próximo año.

Más autoritarismo: Trump, rompiendo toda clase de protocolos, puso a su hija Ivanka en primer término, al punto que los medios franceses difundieron un video de una conversación de Ivanka con Angela Merkel y Christian Lagarde, cabeza del Fondo Monetario Internacional, donde Lagarde claramente desprecia la participación de Ivanka, y con razón. Ivanka no tiene las credenciales para estar a ese nivel en un G-20, fuera del nepotismo de su padre.

La ausencia mexicana en el G-20 fue importante para los mexicanos, pero para nadie más. Nadie leyó la carta que envió el presidente de México, y los intentos de los secretarios de relaciones exteriores, Marcelo Ebrard, y Carlos Urzúa, de Hacienda, de proyectar su participación a través de selfies, fue poco afortunada. Esta es una cumbre de jefes de Estado, y si el presidente López Obrador pretende que sus inquietudes sean atendidas, tiene que asistir personalmente. Ahora, si su presencia hubiera beneficiado a México, no lo sabremos. Habría tenido que ver a Trump, arriesgándose a un desaire, o algo peor. No quiso jugársela. Prefirió la cautela, manteniendo la congruencia de su postura desde que asumió el gobierno: evitar la confrontación con EU.

Don Trump voló de Osaka a la península coreana, donde nos regaló con la última sorpresa de su viaje: mandó un tuit, ¡un tuit! A Kim Jong.un, el dictador de Corea del Norte, y lo invitó a reunirse en la zona desmilitarizada entre las dos Coreas. Trump se apareció, Kim también y, acompañado de su inseparable Ivanka, entraron a territorio de Corea del Norte. Por si aún teníamos dudas de que Trump se lleva bien con los dictadores (excepto Maduro) y mal con los líderes democráticos, esto las disipa. Fin del viaje.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.