El acertijo Assange
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El acertijo Assange

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El acertijo Assange

15/04/2019
Actualización 15/04/2019 - 14:52

El creador de WikiLeaks, Julian Paul Assange, llevaba ya más de siete años residiendo en la embajada de Ecuador en Londres. Y los tenía hasta el mismísimo copete. Su carácter de refugiado, o asilado, impidió, durante todo este tiempo, que las autoridades británicas cumplieran una orden de aprehensión contra Assange, quien era requerido por Suiza y Estados Unidos, donde estaba acusado de delitos; en Suiza, por acoso sexual contra menores de edad, y en Estados Unidos por conspirar para hackear al Pentágono y robar documentos de seguridad nacional. Los suizos, recientemente retiraron los cargos.

Desde la embajada de Ecuador en Londres, Assange seguía manejando alegremente su portal, que se hizo famoso al publicar documentos internos del Departamento de Estado de Estados Unidos, en donde hasta nosotros (México) salimos embarrados.

El proceso para detener a Assange tuvo mucho que ver con la política interna de Ecuador. El asilo otorgado a Assange, y los trámites para obtener la nacionalidad ecuatoriana, se dieron bajo la administración del presidente Rafael Correa. Pero al terminar su mandato, quedó como nuevo presidente Lenin Moreno, cercano colaborador del gobierno anterior. Con el triunfo en la bolsa, las cosas cambiaron. Según Correa, Assange habría revelado una irregularidad financiera de Moreno con un banco panameño, y la decisión del nuevo gobierno de retirarle el asilo a Assange, fue un acto de venganza.

El hecho es que en la embajada en Londres, ya no lo aguantaban. Sus excentricidades personales, además, tenían un alto costo. Los primeros 18 meses de Assange en la embajada costaron un millón de dólares al gobierno ecuatoriano, solo en seguridad. Los elementos que lo vigilaban, informaron que Assange había hackeado los sistemas ecuatorianos, y reunía información sobre la política interior del país. Además, había que alimentarlo, a él y a su gato. Eso costó otro medio millón. Sus viajes en patineta por los pasillos, su actitud soberbia con personal de la embajada y sus ruidosos juegos de pelota contra las paredes, acabaron con la paciencia ecuatoriana, según confirmó el canciller Juan Valencia. Vino la orden desde Quito, y el embajador invitó a la policía británica a entrar a la sede diplomática, y realizar el arresto.

Lo que Assange enfrentará en Estados Unidos es aún incierto. Existen los cargos originales descritos líneas arriba, pero WikiLeaks es mencionado con insistencia en varios de los procesos abiertos en EU por la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016. El Departamento de Justicia de EU podría agregar más cargos, pero tendría que hacerlo con rapidez. El tratado de extradición entre Gran Bretaña y Estados Unidos especifica que, de otorgarse la extradición, ya no se pueden agregar más cargos al inculpado de los que existen en la solicitud. Se espera que el proceso sea expedito, así que el tiempo apremia.

De no agregar más cargos, la acusación original podría no ser suficiente para encarcelar a Assange. No será fácil probar que Assange ayudó a Chelsea Manning, oficial del Ejército americano, a hackear una contraseña del Pentágono para robar documentos. Manning fue acusada y encontrada culpable de robo y diseminación de documentos clasificados, y condenada a 35 años de cárcel. Después de purgar siete años de prisión, el entonces presidente Barack Obama conmutó el resto de la sentencia.

La controversia pasa, además, por temas de libertad de prensa. La acusación no menciona la publicación de los documentos robados, pero ya hay voces que interpretan el proceso como un ataque a la libertad editorial.

El actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mencionó más de 140 veces el nombre de WikiLeaks durante su campaña porque sentía que las revelaciones de los correos de los demócratas le ayudaron a ganar la presidencia. Ahora, Trump se desdice, y afirma que no sabe nada de WikiLeaks. Así se las gasta el llamado 'líder del mundo libre'. Allá él.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.