Diplomacia Gansito
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Diplomacia Gansito

01/04/2019
Actualización 01/04/2019 - 15:27

No sé si el canciller Marcelo Ebrard es consultado en estos menesteres. Lo que queda claro es que, escuchado, no es. La que terminó, tiene que ser la peor semana en la historia diplomática mexicana desde el papelazo del “comes y te vas”, del entonces presidente Vicente Fox con Fidel Castro, que le permitió al dictador cubano hacer mofa internacional del jefe del Estado mexicano.

Parece ser que todo el affaire España-México comenzó con una conversación indebida de nuestra primera no dama, Beatriz Gutiérrez Müller y una funcionaria española, en la que Doña Beatriz expuso su opinión sobre la conquista española de hace 500 años. Vaya usted a saber cómo se lo contó a su marido, quien además trabaja como presidente de México. El caso es que el asunto acabó en una extraña carta del gobierno mexicano a la Corona española, exigiendo una disculpa por las violaciones a los derechos humanos de los nativos de estas tierras, cometidas por los conquistadores.

Tal vez el asunto hubiera quedado ahí, pero a alguien del equipo de Andrés Manuel López Obrador, o a él mismo, se le ocurrió que sería buena puntada filtrar la carta a los medios para intensificar la veneración que el pueblo 'bueno' siente por él. Esto, después de que la noche anterior esa veneración quedó en entredicho, al sufrir AMLO una nutrida y sonora rechifla, con gritos de “fuera, fuera” incluidos, en lo que se supone era uno de sus bastiones, un parque de béisbol.

Al césar, lo que es del césar. Escándalo, desde luego hizo. En España, provocó una respuesta puntual de la Corona, en la que educadamente le dijeron que no habría disculpa. En los medios españoles, más que indignación, hubo burlas. Lo descalifican como un líder bananero, aprendiz de socialista. Bueno, Arturo Pérez-Reverte, el prestigiado autor español, le dijo en un tuit que era, o un incompetente, o un imbécil. De todas las instancias que salieron en defensa del presidente, la menos indicada era la Secretaría de Turismo, cuya función es ATRAER turistas de España. Pero ya sabemos cómo se las gasta Miguel Torruco, el secretario, quien parece empeñado en hacernos descender más escalones en la lista de los países visitados.

Por otra parte, y a media tormenta ibérica, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, decidió dedicarle a México una andanada de tuits, acusando a México de “no hacer nada” para detener el flujo migratorio hacia su país, y amenazando con cerrar la frontera esta semana que comienza. El problema es que el orate naranja del norte es perfectamente capaz de hacerlo porque le conviene políticamente. Esto debería alarmar a México al punto de reunir al gabinete cercano y sentarse a diseñar una respuesta coherente y tranquilizadora. El problema es real. Los estados fronterizos están atiborrados de centroamericanos que buscan cruzar como sea, y el número de cruces ilegales llega ya a cifras de 2008.

Ante una emergencia tan seria, porque no les quiero ni contar lo que le pasa a nuestra economía si Trump cierra la frontera, la respuesta presidencial no puede ser consultar con su think tank, que consiste de un grupo de acarreados a un mitin político en Poza Rica, y quienes a mano alzada validan todo aquello que emerja de los labios del caudillo. Ya déjense de ocurrencias, por favor. Esto es una amenaza mayúscula que ninguna cena en lo oscurito con Jared Kushner puede arreglar.

¿Dónde está Marcelo Ebrard en todo esto? Espero, sinceramente, que a estas alturas ya haya hecho contacto con Mike Pompeo, el secretario de Estado de EU, para tomar la temperatura real de Trump. Hay que llegar, pero ya, a acuerdos claros y públicos entre ambos países para contener la zona de guerra en que está convertida la frontera, porque la guardia fronteriza de ellos está rebasada, y de los nuestros, ni les digo. El caldo está listo para una tragedia mayúscula, y un desastre humanitario que puede llevarse al país entre las patas. Esto es cosa seria, y se requiere que el gobierno actúe bien y rápido. Lo que se diga en las mañaneras no es factor en la Casa Blanca.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.