Debate demócrata 3
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Debate demócrata 3

16/09/2019
Actualización 17/09/2019 - 15:03

El tercer debate entre los aspirantes del Partido Demócrata de Estados Unidos produjo pocos cambios entre los punteros, pero dejó claro que la brecha entre los llamados 'progresistas' y los moderados no está cerca de cerrarse. Ello pone al partido en una situación peligrosa, porque lo que funciona en una campaña interna del partido, no es necesariamente lo que funcionará en la elección general.

Joe Biden, el exvicepresidente, sigue a la cabeza de las encuestas con cierta comodidad, representando el bando de los moderados. Defiende, por ejemplo, el 'Obamacare', el sistema de salud creado por su exjefe, el presidente Obama. Permite, por ejemplo, que el ciudadano decida si continúa con un seguro médico privado que le provee la empresa en la que trabaja. Es el caso de 140 millones de estadounidenses. Los progresistas, Elizabeth Warren y Bernie Sanders, ofrecen acabar con las compañías de seguros e implantar un sistema de salud universal y gratuito para todos. Puede ser que la base demócrata, que es donde está el entusiasmo, apoye esa postura, pero para el grueso de los votantes la medida parece radical. Ya se puede escuchar a Trump pintándolos de 'socialistas', sello que no es aceptable para la gran mayoría de los electores.

Biden tiene la ventaja de que Warren y Sanders se están repartiendo el voto progresista, pero este es ya el tercer debate, y Biden no ha mostrado seguridad ni solidez en sus intervenciones. Tiene 76 años y, ya sea por la edad o por otra causa, da la impresión de que su agilidad mental en el debate no es óptima. Corre el peligro, pues, de ser aplanado por Trump en un debate uno a uno. Es un candidato frágil.

Ahora, Warren y Sanders también pasan de los 70, así que tampoco son pollitos. Pero si no modifican sus posiciones más extremas, aunque las encuestas hoy digan otra cosa, peligran ante Trump en una elección general.

¿Quién podría levantar la estafeta de los moderados si continúa resbalando Biden? Descartado quedó Julián Castro, el secretario de vivienda de Obama. Hizo un desafortunado ataque a Biden, acusándolo de no recordar cifras que había mencionado dos minutos antes, sugiriendo que le fallaba la memoria. El problema fue que quien se equivocó fue Castro, y acabó haciendo un ridículo espectacular. Ese detalle acabó por completo con sus aspiraciones, que ni siquiera eran factibles desde un principio.

Otro que podemos borrar es Andrew Yang. Insiste en la fórmula populista de regalar dinero (ofrece mil dólares al mes a todos) y lo piensa pagar cobrando impuestos a las empresas tecnológicas. Nunca pasaría el Congreso.

La senadora Amy Klobuchar, de Minnesota, es sensata, moderada, muy inteligente pero no enciende. Es demasiado buena persona para estas lides. Sería, pienso, una gran presidenta, pero no la veo provocando el entusiasmo necesario entre los votantes. Y también creo que Trump la arrasaría en un debate.

Quienes sí pueden montar una campaña creíble a nivel nacional, y enfrentar con éxito a Trump en los debates, son la senadora Kamala Harris, de California, Pete Buttegieg, alcalde de South Bend, Indiana, y el senador Cory Booker, de Nueva Jersey. Tal vez, Beto O’Rourke se puede agregar a la lista. Pero alguno de ellos tendría que destacar para alcanzar a los punteros, y heredar la coalición de Biden, si este pierde la confianza de sus seguidores.

Faltan aún cinco meses, y algunos debates más, ya con un elenco depurado. La realidad es que con 10 personas en el escenario, es difícil destacar. La hora de la verdad empieza en febrero, con las primarias y juntas políticas (caucus) en Iowa, después New Hampshire, luego Nevada y Carolina del Sur. Será apasionante, y en este espacio lo seguiremos paso a paso. Por cierto, está en juego el futuro del país más poderoso del mundo, y no hay que decir que lo que pase allá, repercute acá. Estamos atentos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.