Daños colaterales
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Daños colaterales

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Daños colaterales

30/09/2019
Actualización 30/09/2019 - 15:00

El proceso de destitución del presidente de Estados Unidos avanzará a marchas forzadas a partir de mediados de octubre. Los demócratas pretenden presentar los artículos de destitución, es decir, los cargos contra Trump, antes de terminar noviembre. Esto es una guerra, y habrá daños colaterales.

Trump comenzó su administración rodeado de personajes más o menos respetables. Reince Pribus era su jefe de Gabinete, el general Jim Mathis su secretario de Defensa, Rex Tillerson su secretario de Estado. Y un personaje clave, Don McGhan encabezaba la Oficina Legal de la Casa Blanca. Uno a uno, empezaron a tener conflictos con Trump. Al presidente no le gusta leer, no estudia los análisis que le entregan sobre los temas a tratar, y menos le gusta que lo contradigan. Sus colaboradores a menudo se desesperaban con el jefe, y Trump, al no percibir apoyo incondicional, empezó a despedirlos, al punto que ya es, por mucho, la administración que más cambios de personal ha hecho en la historia.

Trump empezó a privilegiar la lealtad a toda prueba sobre la eficiencia. Prefiere títeres que mueve a su antojo, que ejecutivos eficientes, un rasgo de personalidad que comparte con nuestro presidente. Pero esa costumbre conlleva sus peligros. A todo le dicen que sí, aunque sea ilegal. El mejor ejemplo es el procurador William Barr, quien se ha dedicado a promover argumentos jurídicos francamente bizarros para justificar las conductas de Trump.

El asunto que lo tiene al borde de la destitución es de una torpeza infinita. Con muchos, muchos trabajos, había sobrevivido la intervención rusa en su elección de 2016. El reporte Mueller dejó en claro que cometió delitos, que aceptó gustoso la ayuda del Kremlin y que rodeó su campaña de una bola de hampones que, o ya están en la cárcel, como Manafort y Michael Cohen, o están esperando condena como Flynn. Pero ahora, hace una llamada al presidente de Ucrania donde le exige intervenir en la elección de EU de 2020 proporcionando lodo sobre un rival político, menciona e involucra a su abogado Rudy Giuliani y al procurador Barr, y le hace ver al ucraniano que está suspendida la ayuda militar YA APROBADA por el Congreso, hasta que haya un compromiso.

Al darse cuenta del desastre que significó esa llamada, los abogados de la Casa Blanca tomaron medidas internas para ocultar el contenido. La escondieron en un servidor supersecreto, pero demasiada gente escuchó a Trump, y muchos se escandalizaron, y se organizaron. El famoso informante, quien no estuvo presente en la llamada, recogió la preocupación de sus colegas, y accedió a echarse a cuestas la responsabilidad de presentar la denuncia. Lo hizo primero, en uno de los servicios de inteligencia. Al darse cuenta que no prosperaba, recurrió a la Dirección Nacional de Inteligencia, con los resultados que todos conocemos.

¿Quiénes sufrirán los daños colaterales? En primer lugar, su abogado Rudy Giuliani. Muchos lo culpan a él de instigar todo el desastre, y en su desesperación, Giuliani ya embarró al Departamento de Estado, así que Mike Pompeo también tendrá que responder. Otra víctima, aunque se lo ha ganado a pulso, será el procurador Barr, cuya conducta política al frente del Departamento de Justicia, ha sido lamentable, y que lo puede convertir en el primer procurador en visitar la cárcel desde John Mitchell, el procurador de Nixon. Peligra seriamente el equipo legal de la Casa Blanca que participó en la conspiración para ocultar la llamada, y el demás personal involucrado. Muchos de ellos, si no todos, serán citados a testificar ante el Congreso.

El Congreso entra en receso de dos semanas a partir de hoy, y cuando regresen, comenzarán los juegos pirotécnicos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.