Jorge Berry

Covid presidencial

Es claro que Trump está saliendo de la enfermedad. Se filtró que está furioso con Meadows, por haber contradicho a los doctores.

Esta vez, el golpe fue certero. Sin saber con precisión dónde, cuándo y de quién, resultó contagiada con Covid-19 Hope Hicks, una cercanísima colaboradora del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Su diagnóstico se conoció el jueves por la mañana. Obviamente, Hicks era contagiosa desde días atrás. Entre lunes y martes, haciendo ensayos y preparando el debate del martes, Hicks estuvo en constante y directo contacto con Trump, con el exgobernador de Nueva Jersey y asesor del presidente Chris Christie, con Bill Stepien, el nuevo jefe de campaña de Trump, y Ronna McDaniel, la presidenta del Partido Republicano. Todos han dado positivo en las pruebas para detectar el bicho.

Hicks no es el único foco de contagio. Especialistas piensan que el contagio fue en el evento donde el presidente anunció a Amy Coney Barrett como aspirante a la Suprema Corte de Justicia, realizado en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, sin distanciamiento social, y mayormente sin cubrebocas. Apenas el sábado se cumplió una semana de ese anuncio. Ahí, se contagió Kelly Ann Conway, muy cercana a Trump, los senadores republicanos Mike Lee y Thom Tillis, aunque hasta el momento, la jueza Barrett ha dado negativo. Digo hasta el momento porque tienen que pasar dos semanas del día de la exposición para estar seguro de que no hay contagio. En ese caso están todos los que participaron en ese evento, más los asistentes al debate del martes en Cleveland. De ahí, ya ha habido 11 contagios, entre personal de logística y seguridad.

Es claro que la salud del presidente se deterioró rápidamente. El viernes, a la 1:00 am, subió el tuit dando a conocer que tanto él, como su esposa Melania, habían dado positivo, pero que se sentía bien y trabajaría en cuarentena desde la Casa Blanca. 15 horas después, el viernes por la tarde, lo vimos caminar trastabillante de la puerta de su residencia al helicóptero que lo llevó al hospital naval Walter Reed, en Bethesda, Maryland, donde tradicionalmente se atienden los presidentes.

Empezó la confusión informativa. La oficina del Dr. Sean Conley informó que el primer tratamiento al presidente consistió en aplicarle un estimulante para fortalecer la producción de anticuerpos. Agregó que es un medicamento experimental. ¿'Experimental'? ¿Pues qué tan grave está como para que recurran a experimentos sobre el presidente de Estados Unidos?

El sábado, poco antes del mediodía, salió el Dr. Conley a hablar con la prensa. Se le vio confuso y titubeante. No quiso confirmar que antes de salir al hospital el presidente requirió oxígeno, aunque sí dijo que tuvo fiebre. ¿Cuánta? No comment. En general, Conley pintó una situación optimista sobre la salud presidencial, comentando que lo estaban tratando con Remdesivir, una droga que ha mostrado buenos resultados en el pasado.

Pero fuentes cercanas al presidente, incluyendo a Mark Meadows, el jefe de Gabinete, cuentan otra historia. Meadows, y otros, afirman que hay que esperar 48 horas para saber si no hay deterioro en la salud de Trump. Que sus dificultades para respirar no son pocas, y la fatiga y debilidad lo siguen aquejando.

El sábado por la tarde apareció un video de Trump en el hospital, diciendo que se sentía mejor, y que se veía trabajando. Del video, no se puede inferir nada. Tampoco del comunicado del sábado por la noche, donde el Dr. Conley dice lo mismo.

No se puede criticar al doctor. Él no puede decir sino lo que el paciente autorice, porque tiene la obligación de guardar secreto profesional. Y todos sabemos que Trump es un mentiroso incorregible.

Para el domingo, en otra conferencia de prensa, el Dr. Conley aceptó lo que había negado el sábado: que Trump requirió oxígeno y que tuvo temperatura. Pero que mostraba una mejoría notable, al punto de que era posible que lo dieran de alta hoy lunes. Es claro que Trump está saliendo de la enfermedad. Se filtró que está furioso con Meadows, por haber contradicho a los doctores. Por la tarde, paseó en su camioneta blindada por las afueras del hospital, saludando de lejos a algunos trumpianos que hacían vigilia por su salud.

Habrá que ver qué pasa hoy, con nuevos funcionarios y legisladores contagiados, y alguna decisión respecto a la realización o no de los próximos debates. En este espacio, estaremos pendientes.

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