Amenaza presidencial
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Amenaza presidencial

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Amenaza presidencial

07/02/2019
Actualización 07/02/2019 - 14:30

“No puede haber paz y legislación, con guerra e investigación”. Esta será la frase más recordada, tal vez la única recordada del discurso de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ante el Congreso de su país.

La afirmación del presidente dice mucho. Habla de su creciente preocupación por los problemas legales que enfrenta, no sólo en lo que tiene que ver con la investigación de Robert Mueller y los lazos de su campaña con Rusia. Trump es tal vez más vulnerable en la investigación que persigue el distrito sur de Nueva York, porque esa no tiene límites. Mueller tiene, por mandato, que centrarse en la posible conspiración con Rusia. Pero las autoridades del distrito sur pueden indagar cualquier delito, especialmente los financieros, y ya empezaron.

Minutos después del discurso, varios legisladores demócratas comentaron, con cierta sorna, que si lo que Trump intentó con la frase fue amenazarlos o intimidarlos, falló por completo. Las investigaciones del Congreso, muy aparte de las de Mueller, o el distrito sur de Nueva York, apenas van a empezar, y serán exhaustivas.

Lo cierto es que, si lo que la Casa Blanca buscaba, como dijeron, era crear un ambiente de cooperación con los demócratas para avanzar en la solución a los problemas que enfrenta el país, fracasaron rotundamente.

Trump ocupó casi 15 minutos en hablar de la frontera y la inmigración ilegal. No convenció a nadie. Esgrimió los mismos argumentos que usa desde la campaña de 2016, queriendo crear la impresión de que hay una emergencia nacional porque están sufriendo una invasión masiva. Los números son irrefutables: los cruces fronterizos ilegales están en sus niveles más bajos en varias décadas.

Lo trascendente del tema es que el gobierno de Estados Unidos enfrentará otra suspensión de labores si no hay acuerdo entre el presidente y los demócratas antes del 15 de febrero. Trump quiere seis mil millones de dólares para el muro, y la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dice que no le dará ni un dólar. Si ninguno cede, y parece que no cederán, a Trump le queda declarar una emergencia nacional para adjudicarse fondos del Departamento de Defensa y aplicarlos al muro, pero enfrentará demandas en las cortes para que compruebe en qué consiste la emergencia, y no podrá hacerlo.

La situación está llena de peligro político para Trump. Los senadores republicanos no quieren otro paro por ningún motivo, y antes que permitirlo, podrían pasar la legislación a prueba de veto presidencial, para mantener abierto el gobierno. No quiero ni pensar el berrinche presidencial que eso provocaría.

Pero fue en política exterior donde lanzó la más descabellada teoría de la noche. Al anunciar que a finales de febrero habrá una segunda cumbre con Kim Jong-un, el líder de Corea del Norte, Trump dijo que, de no ser por sus gestiones con Kim, Estados Unidos estaría enfrascado en una guerra nuclear con Corea del Norte. ¿What? Fue el mismo Trump quien creó la crisis llamando, vía Twitter, “pequeño hombre misil” a Kim.

Finalmente, y como parte de la novela de Trump y Pelosi, otra vez, la presidenta de la Cámara de Representantes le dio otra lección política al presidente.

El protocolo de estos eventos indica que el presidente debe esperar a ser presentado por la presidencia de la Cámara antes de comenzar a hablar. Trump hizo caso omiso y comenzó el discurso antes de que Pelosi lo pudiera presentar. Pero ella se mostró impávida y no tuvo la más mínima reacción. En contraste, cuando en una parte del discurso parecía que la bancada demócrata iba a explotar en abucheos, bastó una leve señal de Pelosi desde su lugar para acallar cualquier protesta.

Total, el mensaje de Donald Trump fue más parecido a un discurso de campaña que a un informe serio del estado de las cosas en su país. En general, Trump está preocupado, cada vez más aislado y con un futuro incierto en las presidenciales de 2020.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.