4 horas inciertas
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4 horas inciertas

09/01/2020
Actualización 09/01/2020 - 11:52

Solo faltaron las fanfarrias, el hielo seco y los fuegos artificiales. En el escenario, y con media hora de retraso, aparecieron, primero, el secretario de estado de Estados Unidos Mike Pompeo de un lado, y del otro, el vicepresidente Mike Pence. Junto a ellos, el secretario de la Defensa Mark Esper, y cuatro o cinco uniformados, miembros de la cúpula militar. 30 segundos después, se abren las puertas del fondo, se ve una silueta rodeada de un halo de luz (backlight), da unos pasos al frente, y ya podemos distinguir la intensamente maquillada imagen del presidente Donald Trump. Parecía el preludio al combate estelar de una función de lucha libre de la AAA.

A eso nos tiene acostumbrados este presidente, que no acierta a dejar atrás su pasado televisivo. Pero el tema no era un show. Trump salió ayer a dar su mensaje para fijar postura ante la grave confrontación con Irán, que comenzó el viernes con el asesinato del general Qassem Soleimani, la figura militar más importante del gobierno iraní, y el segundo o tercero en importancia en la jerarquía de la teocracia, que cumple ya 40 años de haber ascendido al poder.

Después de tres días de duelo nacional por la muerte de Soleimani, ya el martes, la respuesta militar de Irán consistió en lanzar misiles desde su territorio, que hicieron blanco en dos bases militares de Irak donde acampan los contingentes de soldados de Estados Unidos. Siguieron cuatro horas de incertidumbre y preocupación a nivel mundial. Entre las 6 de la tarde y las 10 de la noche de anoche, mientras no se sabía de los daños causados por el bombardeo, o de la existencia de bajas estadounidenses o irakíes, el mundo estuvo al borde de otra guerra de grandes dimensiones.

A esa hora, en la Casa Blanca, Trump estaba reunido con su equipo cercano de seguridad nacional, debatiendo cómo responder al ataque de Irán. Las cosas claramente se salieron de control, porque Trump no dimensionó las consecuencias de ejecutar a un oficial iraní en funciones. ¿Alguien le habrá advertido que Soleimani era el probable próximo presidente de Irán? No lo sé, pero tampoco le hubiera importado gran cosa.

Ante la incierta situación, Trump pidió que avisaran a las cadenas de televisión que daría un mensaje la noche del martes. Empezaron, entonces, a llegar informes. No hubo bajas de ningún bando en el ataque. Los militares iraquíes recibieron aviso de que venían los ataques con varias horas de antelación, por lo que pudieron tomar medidas y encontrar refugio todos los efectivos acantonados en las bases. Y, finalmente, la declaración oficial del ministro de Exteriores de Irán, en la que afirmó que su país había respondido con mesura a la agresión de EU, y que no habría más ataques, mientras Estados Unidos no escalara más la situación.

Los medios recibimos la primera señal de esperanza cuando Trump mandó cancelar su mensaje. Luego, vino el tuit presidencial, donde declaró que “TODO ESTÁ BIEN”. Con esa tranquilidad, acabó en relativa calma un día peligrosísimo.

Ya ayer, vino el show de Trump. El presidente empezó por decir que mientras él tenga el cargo, Irán nunca tendrá armas nucleares. Atacó de nuevo a Soleimani para justificar su muerte, pero cuidándose de no decir nada realmente incendiario que pudiera alterar esta frágil tregua. Acabó por anunciar que pediría apoyo a la OTAN para mantener la paz en medio oriente. Sí, a esa misma OTAN que ha denostado y atacado una y otra vez. Y concluyó invitando a Europa a que lo ayude a integrar a Irán a la comunidad internacional a través de negociaciones diplomáticas.

Quedan muchas preguntas. ¿El gobierno de Irak sostendrá su exigencia de que salgan de su país las tropas de EU? Es lo que quisieran Irán y Rusia, pero ni Israel ni Arabia Saudita estarían de acuerdo. ¿Qué consecuencias políticas internas tendrá todo este episodio, lleno de ineptitudes administrativas, en la reelección de Trump? ¿En el proceso de destitución?

Lo sabremos pronto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.