Jorge Berry

Giuliani

La caída de Rudolph Giuliani en el mundo de la política de EU ha sido asombrosa. Hace apenas 22 años se convirtió en héroe mundial, levantando a NY de la tragedia de las Torres Gemelas.

Finalmente, le estalló la bomba en las manos al exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani. No podía ser de otra manera. Primero, los hechos:

Noelle Dunphy fue contratada por Giuliani en enero de 2019, con una oferta de un millón de dólares al año, para que fuera su directora de desarrollo de nuevos negocios. La oferta era demasiado buena como para rechazarla, dice Dunphy en la demanda de 70 hojas presentada ante la Corte de Manhattan. Pero Giuliani no cumplió. Usando un proceso de divorcio difícil, en el que está envuelto, la convenció de diferirle pagos. Además, las labores que le eran asignadas la llevaban a pasar cada vez más tiempo en compañía de Giuliani, quien con frecuencia la obligaba a trabajar en su casa o en cuartos de hotel, hasta altas horas de la noche.

Empezaron entonces las presiones de tipo sexual. Dunphy no quería perder el trabajo, y empezó a ceder. La situación empeoró al grado de verse forzada a trabajar desnuda, y verse forzada a cometer actos sexuales mientras Giuliani hablaba por teléfono con su amigo Donald Trump y otros personajes. Hay muchas más descripciones gráficas en el documento, que no vale la pena ni mencionar.

De mucha más gravedad, acusa a Giuliani de beber mañana, tarde y noche, y de diseñar un esquema para vender indultos de Trump a 2 millones de dólares cada uno. Para gran parte del contenido de las acusaciones, Dunphy tiene grabaciones y videos, porque el propio Giuliani le pedía documentar todo para un libro que pretendía escribir. Lo de los indultos no está grabado, pero Dunphy dice que no habrá falta de testigos, ya que el proceso de los indultos se volvió caótico en esas últimas semanas de la administración Trump. Dunphy pide 10 millones de dólares en compensación por el abuso sexual al que fue sometida. Todo esto, por supuesto, estará sujeto a comprobarse en un proceso judicial que no será breve.

La caída de Rudy Giuliani en el mundo de la política de Estados Unidos ha sido asombrosa. Hace apenas 22 años se convirtió en héroe mundial, levantando a Nueva York de la tragedia de las Torres Gemelas, al grado de que fue bautizado con el nombre de “Alcalde de Estados Unidos”.

Como alcalde, redujo de manera importante el crimen en Nueva York, y al terminar su segundo mandato, fundó una compañía que ofrecía asesorías en seguridad urbana. En ese engaño cayó Marcelo Ebrard, quien contrató sus servicios para mejorar la seguridad en CDMX cuando era jefe de Gobierno. Ebrard le pagó 2 millones de dólares, Giuliani vino una vez, de pisa y corre, se llevó su dinero, y no mejoró nada.

Años después, reaparece al lado de Trump. Ha sido su abogado, su amigo, su asesor y encargado del trabajo sucio. Por ejemplo, ir a Ucrania a tratar de convencer al presidente Zelenski de investigar a Joe Biden y su familia, quien se perfilaba como el candidato demócrata que enfrentaría a Trump. Hoy, Giuliani está esperando la acusación formal de la fiscal del condado de Fulton, en Georgia, donde será acusado de tratar de alterar el resultado de una elección federal en el estado.

Ya le quitaron la licencia para ejercer como abogado en Nueva York, y nadie lo contrataría de todas formas. Está por verse, también, hasta qué grado está involucrado en la insurrección del 6 de enero de 2021.

Una triste manera de terminar con su vida.

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