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2019 (I)

13/12/2018

Estamos en la recta final de un año que produjo importantes cambios en la ecuación geopolítica internacional, y que tocó a México de manera importante con un resultado electoral que, para bien o para mal, cambia el rumbo del país, y los parámetros de su relación con el resto del mundo. Pero esas relaciones dependen sólo en parte de lo que ocurre aquí. Las convulsiones que presenciamos en prácticamente todas las regiones del mundo presagian un camino lleno de peligros y precipicios que habrá que sortear.

La primera situación a la que habría que poner especial atención se llama Donald Trump. Si algo nos han mostrado las décadas recientes, es el grado de dependencia económica de México con Estados Unidos, pero no se puede perder de vista que esa carretera es de doble sentido. Grandes regiones del vecino dependen de la marcha de la economía mexicana, y preocupa el rocoso principio de la administración de Andrés Manuel López Obrador por el impacto negativo que su política económica ya ha mostrado. De las pocas cosas que habría que reconocerle a Enrique Peña Nieto, es un manejo estable de la macroeconomía, que permaneció en crecimiento, moderado, pero crecimiento al fin, en un entorno internacional francamente negativo.

Donald Trump enfrentará, por primera vez en su administración, un cuerpo legislativo dominado por la oposición demócrata. Apenas el martes, en una reunión con los líderes demócratas en la Casa Blanca, ante cámaras, Trump fue aplanado públicamente por sus adversarios, quienes colocaron la responsabilidad por un cierre del gobierno por falta de fondos, directamente en las espaldas del presidente, quien se niega a autorizar la legislación que los mantendría funcionando, si no le dan 5 mil millones de dólares para el muro de la frontera. No se los darán, y esto abre la posibilidad de que EU comience el año sin fondos para funcionar, al tiempo que se instala el nuevo Congreso con mayoría demócrata en la Cámara baja.

Trump es un presidente sumamente débil. Enfrenta cargos criminales por delitos electorales, y ni siquiera se sabe todavía en qué términos le caerá encima el resultado de la investigación sobre sus lazos con Rusia. Tendrá que abrir su declaración de impuestos, y diversos comités del Congreso examinarán sus finanzas personales. Sus posibilidades de defensa son mínimas. No tiene un equipo calificado para defenderlo, y nadie quiere trabajar para él. Vamos, comenzará el año con la oficina de su jefe de gabinete vacía. ¿Quién querría aceptar ese puesto, para tener que contratar abogados personales y pagarles, para tratar de contener las locuras presidenciales, y para convertirse en prácticamente un paria en Washington? Hasta el momento, nadie.

Toda esta turbulencia política interna, sumada a los problemas desatados con China por la guerra comercial, necesariamente tendrán un impacto negativo en el crecimiento económico de EU, y contribuyen al escenario de posible recesión. Cada vez que eso pasa, uno recuerda la famosa frase de Agustín Carstens, exgobernador del Banco de México, sobre las consecuencias de un “catarrito” en Estados Unidos.

El panorama complicado que enfrentaremos en 2019 también contiene otros factores, que son consecuencia del asalto mundial sobre el liberalismo y la globalización. Ese será el tema de la columna del próximo lunes.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.