¿Y si se desconectan las empresas?
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

¿Y si se desconectan las empresas?

COMPARTIR

···
menu-trigger

¿Y si se desconectan las empresas?

19/05/2020
Actualización 19/05/2020 - 10:48

Se quedan en la queja. ¿Acaso los más astutos están perdiendo de vista oportunidades? Quizás sólo deben ponerse las pilas, literalmente.

El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) encabezado por Carlos Salazar, abatido por el fracaso en su relación con el gobierno, ahora concentra su energía en reaccionar a cada golpe que recibe de quien debería fungir como interlocutor.

Primero fue, entre muchas otras, la mañosa inclusión gubernamental de hidroeléctricas viejas para competir con nuevas plantas de renovables en un incipiente mercado de certificados de energías limpias.

Ahora es el franco bloqueo a estas inversiones por parte de la secretaria de Energía, Rocío Nahle, decidida a privilegiar la quema de combustibles fósiles, por medio de una 'nueva' política energética que obstaculiza las redes nacionales a los parques eólicos y solares.

Los empresarios responden sólo con convocatorias y comunicados, como en días de Eugenio Garza Sada, como si no hubiese ocurrido una revolución tecnológica durante todo este tiempo.

Los líderes mexicanos decidirán esta década si continúan en la mediocridad de la dependencia total de Estados Unidos y del gobierno mexicano, o si finalmente optan por influir en la decisión del destino de sus negocios.

Va un ejemplo: ¿batallan por la inestabilidad de las reglas en energía? Pueden poner baterías al local y ganar su independencia. La desconexión ya es factible.

Ya suficiente se publicó acerca de la dramática baja en el precio de los paneles solares.

Aquí mismo expuse el mes pasado que el precio por watt de esos dispositivos bajó de 1.96 dólares en 2010, a 40 centavos de dólar al inicio de este año. Y seguirá cayendo.

Lo que no está claro es la dimensión de otro tsunami en formación: la caída en los precios de los sistemas de baterías que acumulan energía y cubren los horarios en los que no hay sol o viento. Bajaron 84 por ciento 2010 a 2018, hasta ubicarse ese año en 176 dólares por kilowatt hora.

Ayer, la Energy Information Administration del gobierno de Estados Unidos abrió el juego con un documento de aburridísimo nombre:

“Los sistemas de baterías grandes a menudo se combinan con plantas de energía renovable”.

Esto no existía al inicio del siglo, es definitivamente un mercado nuevo.

El informe oficial se concentra en la fila de proyectos que pasaron al siguiente nivel: de generar electricidad con base en el viento y el sol, a almacenar grandes volúmenes de esa energía en centros de concentración de baterías. Suena futurista… pero ya estamos en lo que antes llamaban 'futuro'. Adiós a la volatilidad en los precios de la energía.

“El último inventario de generadores eléctricos de la Administración de Información de Energía de EU muestra que el número de sitios de generación solar y eólica ubicados junto con baterías ha aumentado de 19 sitios emparejados en 2016 a 53 sitios emparejados en 2019.

“Se espera que esta tendencia continúe: Según las instalaciones planificadas informadas a la EIA, otras 56 instalaciones que combinan energía renovable y almacenamiento de baterías estarán en línea a fines de 2023”.

Empresarios de Texas, Nevada y California aprovechan cantidades de luz solar que también baña los estados del norte de México.

Texas hoy cuenta con almacenamiento suficiente para atender las necesidades de una ciudad como Saltillo, los proyectos en marcha duplicarán esa capacidad en un par de años.

Esto aplica para todos, desde un sistema casero cuyos precios empiezan en unos 170 mil pesos, hasta proyectos industriales como el de la centenaria Southern California Edison que anunció la firma de siete contratos por un total de 770 megawatts de recursos de almacenamiento de energía basados en baterías.

La tecnología ya abrió las puertas no sólo de la energía… luego hablaremos de blockchain y notarán cómo las administraciones gubernamentales arcaicas pueden quedar rebasadas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.