¿Un sindicato de trabajadores de Uber?
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¿Un sindicato de trabajadores de Uber?

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¿Un sindicato de trabajadores de Uber?

17/02/2020
Actualización 17/02/2020 - 8:50

Los empresarios estadounidenses están alarmados. México debe poner atención.

Una ley que aspira a sacar del rezago las relaciones entre trabajadores y dueños de empresas avanzó al inicio de este mes cuando fue aprobada en la Cámara de Representantes del país vecino, el equivalente a la de diputados en esta nación que canta mariachi. Le llaman PRO Act por las siglas de la frase “Protecting the Right to Organize” o en español: protegiendo el derecho a organizarse.

¿Qué cambia esta normativa? Entre otras cosas, la relación entre freelancers o trabajadores independientes y quienes les contratan.

Estarían en capacidad de formar sindicatos protegidos por la autoridad, que defiendan sus intereses en conjunto. Sí, los conductores de Uber entrarían en este grupo, de acuerdo con interpretaciones de los empresarios agremiados en la US Chamber of Commerce, encabezada por Tom Donohue, un individuo bien conocido por el presidente Andrés Manuel López Obrador, cuando juntos abogaron por el nuevo T-MEC, el Tratado México, Estados Unidos y Canadá, que pronto podría entrar en operación.

La PRO Act amenaza el funcionamiento de la gig economy basada en el pago de servicios a la gente que trabaja desde su casa en lugar de pagarle un salario, y da paso a la posibilidad de convertirlos en gig workers o trabajadores temporales con prestaciones.

Eso podría encarecer sus servicios y posiblemente también complicar las relaciones entre trabajadores y empresarios, lo que puede derivar en un atorón a la economía.

La PRO Act, que aún debe pasar por el Senado estadounidense, surge en una coyuntura interesante para México, pues los acuerdos del T-MEC también provocaron un crecimiento en los salarios de los trabajadores nacionales, aún antes de que el Tratado opere. Vean el aumento histórico que tuvo el salario mínimo durante los últimos dos años.

Ese crecimiento eleva los costos laborales mexicanos para empresas que deciden entre invertir y no hacerlo, pero la nueva ley estadounidense podría provocar una tendencia similar del otro lado de la frontera. ¿Balancearía el terreno el choque entre ambos efectos?

A Tom Donohue, de la US Chamber, le preocupan puntualmente tres asuntos:

Uno. La ruptura de las relaciones actuales de las empresas con 'trabajadores independientes' o freelancers, pues tendrían que contratarlos formalmente o de no poder pagar dicho trámite, simplemente dejar de pedirles trabajo con el riesgo que conlleva para ambas partes.

Dos. La eliminación del voto secreto en elecciones sindicales. Y tres. La creación de una obligación sin excepciones para que los trabajadores paguen cuotas a su sindicato.

“Si bien el proyecto de ley está envuelto en el paquete de los derechos de los trabajadores, en realidad es todo lo contrario. Socavaría la libertad de los trabajadores de varias maneras”, escribió Donohue a su gremio en una carta firmada el 3 de febrero.

Además del efecto que puede tener en los costos laborales de un lado y otro de la frontera, los mexicanos bien harían en poner atención al asunto por temas políticos: esta ley puede tener un efecto determinante en el apoyo para el presidente Donald Trump y el Partido Republicano durante las elecciones de este año.

¿Recuerdan el pleito entre empresarios y el mandatario de Estados Unidos por la imposición de aranceles a China y otros países?

El Washington Post publicó el año pasado que por esa razón la organización encabezada por Donohue apoyaría más a candidatos demócratas, en represalia.

Hay que esperar a ver si el Senado con mayoría republicana aprueba la PRO Act empujada ahora por los demócratas, en detrimento de la US Chamber.

Ahí surgirán filias y fobias que definirán el destino de los recursos económicos que aporten los estadounidenses ricos rumbo a las elecciones 2020. De verdad, atención. Hay tensión.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.