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Un nuevo CCE

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Un nuevo CCE

09/02/2021
Actualización 09/02/2021 - 9:23

El polémico Consejo Coordinador Empresarial (CCE) llegó a ser relevante.

Sus líderes convocaban al resto del país a avanzar a una era de creciente manufactura en el país que sí se concretó.

Cuando estrenaron tratados de libre comercio, también defendieron ideas como la de aumentar la competitividad nacional mediante ideas claras como la de un 'Proyecto Bandera' que pretendió, con cierto éxito, conectar ambas costas mexicanas con ciudades como Houston y Chicago mediante carreteras, puertos y nueva tecnología ferroviaria. Eso ocurrió a partir de hace unos 20 años y rindió frutos merecidos a empresarios talentosos.

Mucha gente de Guanajuato, Monterrey, Querétaro, Chihuahua o Manzanillo tiene empleos creados por pujantes individuos en fábricas que se sirvieron de esos planes presentados ante auditorios como el del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC).

Pero ahora, medido por sus resultados, el CCE no puede presumir de eficiencia.

Sus estandartes hoy son contradictorios. Por un lado, sus líderes aparecen junto al presidente ante los medios y ofrecen trabajar en conjunto en planes de desarrollo de infraestructura. A la primera de cambios, emiten comunicados que denotan que en infraestructura realmente no les hacen caso:

“La propuesta de reforma a la Ley de la Industria Eléctrica es una expropiación indirecta que resultará en mayores subsidios a la CFE, electricidad más cara y contaminante”, dice uno de sus más recientes comunicados, en contra de una iniciativa presidencial.

Uno de sus problemas puede radicar en la falta de diversidad.

El CCE es la versión mexicana de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, la poderosa US Chamber of Commerce, que por principio, ya es presidida por una mujer, Suzanne Clark.

En su enorme consejo directivo figuran los nombres de más de 20 personajes de sexo femenino, entre ellas el de Cristen Kogl, vicepresidenta de la empresa de seguridad para cadenas de suministro de empresas, Zebra Technologies.

Además, no hay estado de ese país –el mayor socio comercial de México y por tanto del CCE– que carezca de representante en el grupo que controla las riendas de esa organización. Esos emisarios hicieron sentir su peso en la elección reciente, cuando apoyaron al Partido Demócrata.

En ese organismo empresarial avanzaron las mujeres, las empresas de tecnología y la inclusión de cada región nacional. Con sus pares mexicanos no hay evidencia clara de que caminen en ese sentido, acá la costumbre es defender lo que hay, arriesgar lo menos posible y quejarse del gobierno... a veces.

Eso impacta a la sociedad. Los mexicanos deben conformarse con lo que les brinde la poca inercia restante de aquella ola de competitividad del inicio del siglo que trajo manufactura que ahora puede hacerse en muchos países.

Ésta hoy entrega salarios que responden más a un interés de bajar costos y no al de generar prosperidad en quien los recibe.

Casi sin darse cuenta, los empleados nacionales de sus empresas fueron rebasados por los chinos en términos de ingresos promedio, ahora que aquellos sí se subieron al tren de la creación de productos tecnológicos propios, ahí está Alibaba, Tencent, Huawei y hasta el TikTok de Byte Dance...

Ayer, Bloomberg reveló su Índice de Innovación. Argentina con ejemplos como el de Mercado Libre, al menos se mantiene al final de la lista junto con Brasil, lejos de un podio en el que los protagonistas son Corea, Singapur, Suiza y Alemania. México no entró a esa lista de 60 naciones en la que al fondo aparece Irán.

Sin ajustes en los poderosos gremios empresariales, los mexicanos deberán conformarse con conseguir algún empleo en las actividades menos rentables y que menos pagan.

No es que México no genere innovación. Ahí está Imbera, de Femsa o Vekstar, de Bimbo.

Pero son rarezas en una comunidad empresarial que luce poco ágil y rebasada por una mayoría que, molesta, ya rechazó el sistema en las urnas y pronto volverá a votar.

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.