¿Recuerdan su lío de ductos? Bartlett lo hace de nuevo
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¿Recuerdan su lío de ductos? Bartlett lo hace de nuevo

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¿Recuerdan su lío de ductos? Bartlett lo hace de nuevo

01/11/2019

Como villano de ficción sería una joya. Manuel Bartlett, el político más polémico de México, vuelve al escenario.

Aquí defendí antes su intención de revisar por la vía legal contratos de transporte por ducto de gas natural.

Fue un escándalo de dimensión internacional que derivó en un acuerdo que desveló magros beneficios.

Va la nueva: esta semana el ex gobernador de Puebla se echó encima a la industria nacional, pues luce como autor intelectual de un decreto emitido por la Secretaría de Energía conforme a sus peticiones y que puede cambiarles a ustedes los precios de la “luz”. Con ello sembró incertidumbre en inversiones de otro tipo por miles de millones de dólares. Otra vez.

Una de las empresas posiblemente afectadas es Iberdrola y otra es IEnova de Sempra, la empresa de California. Sí, la de los ductos. Va el resumen.

Uno. Contexto. Bartlett argumenta que mañosamente, el gobierno anterior de Enrique Peña Nieto –siempre asociado con la maña– creó una competencia dispareja permitiendo que empresas privadas generen electricidad barata con la energía del sol y del viento.

Dos. Esa energía que generan es transportada por líneas de transmisión de la CFE y consumida por la empresa productiva del estado para entregar a los consumidores finales. Eso sustituye la energía generada por plantas del equipo de Bartlett, muchas veces producida con combustibles como el diésel y el combustóleo.

Tres. Amén del pago de energía, también por ley estas empresas inversionistas venden a industriales Certificados de Energías Limpias (CEL) que les otorga la Comisión Reguladora de Energía. Sus clientes están obligados a comprarlos eso financia la ayuda al medio ambiente.

Como son las únicas que ofrecen CE –reza el discurso de la hueste de Bartlet– la escasez aumenta su precio y por tanto, el costo de la electricidad.

Bajo esa razón, el poblano buscó maneras de bloquear nuevas inversiones, primero influyendo en la cancelación de subastas con las que aparecían nuevos proveedores de este tipo y luego, con una jugada maestra:

El lunes, unilateralmente, sin una manifestación de impacto regulatorio, la Secretaría de Energía publicó en el Diario Oficial un acuerdo. Éste consiste en cambiar las reglas de los CEL.

Ahora la CFE también puede emitir y vender estos instrumentos con el beneficio de considerar sus plantas hidroeléctricas, geotérmicas y la de generación nuclear construidas antes de 2014. ¿Parece justo? Para Bartlett, sí.

Pero subyace un tema relevante. La razón de no incluir lo instalado antes de 2014 se basa en el interés de dar incentivos para más nuevas plantas de energías renovables.

Así, México puede alcanzar la meta a la que se comprometió para cambiar a energías limpias el 35 por ciento de su consumo en 2024. Hoy andamos en 22 por ciento.

Pero de acuerdo con datos de la Secretaría de Energía, la entrada de la CFE al mercado puede triplicar la existencia de CEL.

¿Qué pasa cuando hay excesos digamos… de aguacates? Baja el precio.

Si cae el precio de los CEL en el mercado, se caerá el negocio de los que ya instalaron plantas de energía solar y eólica y posiblemente no puedan pagar sus financiamientos. Hay incentivos para demandas, como en el caso de los ductos. Hay afectadas, otra vez, de otros países. Por otro lado, ¿Quién querrá hoy iniciar un proyecto nuevo de energías renovables?

Sumen ustedes dos problemas: industriales advierten que tal como están las reglas lo que viene es una escalada de precios de electricidad, además, si como indican datos oficiales, los cambios le conceden a la CFE más del 60 por ciento del mercado de los CEL, habrá quien la acuse de monopolista y el caso puede reventar en la Cofece.

Por eso era necesaria una manifestación de impacto regulatorio que no hizo la Sener.

Este asunto hará más ruido. Esperen llamadas entre Carlos Salazar, del CCE, y el presidente Andrés Manuel López Obrador, otra vez. Sí, como con los ductos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.