¿Qué sigue después de este pánico?
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¿Qué sigue después de este pánico?

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¿Qué sigue después de este pánico?

12/03/2020

Imaginen la escena. Comenzaba la tarde de un día de octubre de 2008, en un jardín de la Ciudad de México. Durante una fiesta infantil en la que compartíamos mesa y conversación un amigo que por primera vez invertía en el IPC de la Bolsa me dijo: “entré cuando estaba en 23 mil puntos, estamos a 17 mil… ¿sabes cuándo voy a poder sacar eso?”

Él supuso que yo sabría y enfrenté su decepción luego de mi respuesta.

Acababa de estallar la crisis descubierta con la quiebra de Lehman Brothers, que dio un flechazo al corazón del sistema financiero del mundo. ¿Quién podría adivinar el futuro?

Ni él ni yo sabíamos entonces que seis meses después, el IPC ya habría recuperado los 23 mil puntos, con todo y la epidemia de la Influenza tipo AH1N1.

Menos supimos ese día entre globos ruido y payasos, que en octubre –un año después de nuestra plática– él pudo recoger una utilidad de 30 por ciento, cuando vendió la posición que compró. Los bancos en buenos días recientes ofrecieron una tasa anual del 8 por ciento. Comparen.

El mundo enfrenta pánico, de nuevo. Parte de ese mundo aprovecha el pánico en su favor.

Recuerden que en momentos como éste en el que los mercados se agitan y caen, siempre tienen que haber dos personajes para que baje el precio de la acción de cada empresa que conforma el índice de la bolsa de cada país: el que por miedo quiere vender al precio que le den y el que argumentando una catástrofe compra a un precio bajo.

Ayer, el jefe de inversión patrimonial de UBS, Mark Haefele, sugirió comprar activos relacionados con la tecnología de la salud, mientras que su par en Credit Suisse sugería evitar la tentación de comprar acciones empresariales por el momento, de acuerdo con información recogida por Bloomberg.

Aquí expuse previamente que desde el cierre de febrero, JP Morgan advirtió que lo peor de la crisis del coronavirus y el pánico que levantaría el Covid-19 en los mercados internacionales se concentraría en marzo. No hemos llegado siquiera a la mitad del mes.

La ola alcanzó desde hace unos días a México. Urge un respiro para tener claridad.

Sí habrá un impacto, pero depende mucho de lo que decidan en Palacio Nacional, la consecuencia del golpe.

Tomen Cancún como ejemplo. En un escenario de viajeros retraídos, esta ciudad enfrentará la negativa de quienes antes pretendieron viajar. ASUR, de Fernando Chico Pardo, administra su enorme aeropuerto que recientemente estrenó su Terminal 4.

Sus acciones bajaron ya de precio casi 20 por ciento en un mes.

¿Significa esto que Asur ya no recuperará el valor de 375 pesos por acción que tuvo hace apenas tres semanas? Lo ignoro. En JP Morgan estiman que cierre el año con un valor de 360 pesos, muy lejos de los 304 pesos a los que podrían comprar sus papeles hoy durante la apertura del mercado. Al final, las playas y los hoteles ahí quedarán, después de la crisis del coronavirus.

¿Qué es lo que sí queda? El riesgo ambiental.

Ayer expuse que los precios del gas natural actuales resultan en una oportunidad poco vista de amarrar contratos de suministro de largo plazo para la CFE o para empresas que fabrican vidrio o cemento. Ahí está la parte positiva.

Pero al mismo tiempo desincentivan la inversión de petroleras como Pemex en infraestructura que recupera este gas que acompaña la producción de petróleo. Algo se quedan, pero mucho lo dejan ir a la atmósfera.

Hemos enfrentado en el pasado otras enfermedades. Con base en la experiencia del ébola o la influenza A H1N1, es razonable esperar dolorosos costos humanos, pero también alguna solución futura a esa amenaza a la salud.

Miedo debería dar el cambio climático que no hemos encarado antes. Pero, como expuso ayer un texto leído al vuelo, este serio problema no tiene la calidad de los “publicistas” del coronavirus. Mientras, aprovechen si pueden, los “favores” que concede el temporal pánico.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.