¿Qué pasó con las dos bocas de ayer?
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¿Qué pasó con las dos bocas de ayer?

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¿Qué pasó con las dos bocas de ayer?

13/03/2019
Actualización 13/03/2019 - 9:07

Quien conoce al subsecretario de Hacienda, Arturo Herrera, habla de él como un tipo sereno, coleccionista de arte y serio analista económico. Él se atrevió ayer a revelar una estrategia que mejoraría la situación de Pemex rápidamente: suspender la construcción de la refinería de Dos Bocas y tomar de ahí 2 mil 500 millones de dólares para darle aliento a la petrolera.

Pero el exfuncionario del Banco Mundial y doctor en economía por la Universidad de Nueva York, quizás pasó por alto el epicentro de la propuesta: Tabasco.

Entonces respondió el político que emergió de esas tierras, en donde construyó los cimientos de su ascenso político: “No hay retrasos en la construcción. Estamos muy bien y se va a construir la refinería, se va a terminar en tres años como se contempló y va a costar entre 6 mil a 8 mil millones de dólares”, dijo Andrés Manuel López Obrador, jefe del Ejecutivo en México.

Puede ser coincidencia, pero cuando Jude Webber, a través de Financial Times, reveló ayer la propuesta de Herrera, el dólar se desplomó 18 centavos. Cuando AMLO desmintió a su subalterno, subió más de 10. Al mercado internacional, poco interesado en nuestra provinciana política, pudo gustarle más la idea de Herrera.

Resulta improbable que AMLO incumpla con los tabasqueños. Los presidentes no hacen eso con su tierra. Con otras, tal vez.

Piensen en cómo el presidente Carlos Salinas impulsó un TLCAN que convirtió a Monterrey en la segunda ciudad del país en relevancia económica; recuerden a Ernesto Zedillo salvando a un sector financiero que rescató a miles de trabajadores de la Ciudad de México; acuérdense del también capitalino Vicente Fox que se arraigó en el Bajío, región convertida en centro de empresas productoras y exportadoras de berries y próximamente, al parecer, de cannabis.

Ahí está Felipe Calderón, que ungido en una enorme chamarra militar fue a intentar estabilizar Michoacán, iniciando en su tierra una guerra al crimen organizado, o piensen en Enrique Peña Nieto que construyó, o al menos dejó cemento y varilla para el primer tren rápido que conectará a Toluca con la capital del país.

Tabasco hoy está destruido moral y económicamente. La violencia sigue creciendo y su economía cae más de 6 por ciento en un país que lucha desde hace años por crecer al 4 por ciento. Va al revés.

En esa entidad no hay empresas de gran relevancia fundadas localmente, la única ruta conocida a la riqueza es Pemex. Quitar la esperanza de un Pemex que salve a todos ahí es políticamente un tiro en el pie para AMLO.

¿Como le haría después, por ejemplo, para pedir a los tabasqueños que por favor ya paguen la electricidad que entrega la CFE y que hace años la reciben gratuitamente?

De acuerdo con datos recopilados por México, ¿cómo vamos?, en Tabasco cayó 3 mil 244 el número de empleos al cierre de 2018; en un año la productividad de su gente bajó de 283 a 263 pesos por hora trabajada; la pobreza laboral aumentó marginalmente al 48.8 por ciento de la población y la informalidad ya es del 60.6 por ciento.

¿Quitarle a Tabasco el único proyecto de gran infraestructura que inyectaría inversiones por 8 mil millones de dólares en tres años? Ese dinero equivale a un tercio de toda la producción anual del estado.

No parece que el presidente López Obrador transite esa ruta.

Habrán de pensar en otra cosa en el gobierno para quitarse de encima los nubarrones que amenazan con bajar la calificación crediticia del país.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.