¿Qué empresas quiere, señor Presidente?
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¿Qué empresas quiere, señor Presidente?

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¿Qué empresas quiere, señor Presidente?

15/01/2020
Actualización 15/01/2020 - 9:34

Es lógico que el presidente ponga al frente de las preocupaciones el modo en que ayudaremos a niños y adultos que hoy al parecer no son atendidos en hospitales públicos.

Cambiar un avión por laboratorios puede remediar el problema… temporalmente.

Ignoro el valor actual del TP-01. Ese dato lo dará quien lo pague en una futura subasta.

Si vale, digamos, 130 millones de dólares, hablamos de más de 2 mil millones de pesos que probablemente puedan comprar 2 mil ambulancias, quizá.

El problema es que para el final del sexenio esas ambulancias habrían de sustituirse por nuevas y ya no habría avión para rematar.

Por eso es importante generar riqueza. Conviene que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador piense en las empresas que en cinco años deberán pagar impuestos para mantener al gobierno que hoy cascabelea por falta de recursos y además para pagar ambulancias, nuevos equipos médicos, escuelas, carreteras.

Pero la narrativa actual es la que prevalece desde hace décadas: la dignificación de la pobreza mexicana por encima de la generación de riqueza nacional.

Ayer expuse aquí cómo desde hace al menos seis años, los chinos se fijaron como propósito que pasada su era de nación manufacturera, habrían de enfocarse en crear tecnología propia.

México, en cambio, aspira a tener en seis años gasolinas baratas.

En Puebla, centros de ayuda y de convenciones aluden a un individuo: William Jenkins. Fue de algún modo el Carlos Slim del siglo pasado. Jenkins fue un estadounidense que llegó a México vendiendo calcetines y terminó financiando a hacendados que al no poder pagar sus deudas cedían la propiedad de sus bienes. El foráneo controló mercados como el de la caña de azúcar.

¿A qué dedicó también su dinero? En su libro En busca del señor Jenkins, Andrew Paxman narra cómo el advenedizo millonario amigo de políticos puso orden en eso que llamamos la 'época de oro del cine nacional'.

Bajo su nombre o el de testaferros, operaba cadenas nacionales de cines. Traten de recordar el personaje de un millonario mexicano admirable que hayan visto en una película en blanco y negro.

¿Pero qué pasa cuando tratamos de ubicar célebres próceres carentes de todo recurso económico? De inmediato brincan las brillantes caracterizaciones de Pepe El Toro o de Cantinflas, que nos conectan con nuestro lado nostálgico. Pobres, pero dignos. Busquen en el libro de Paxman más detalles de la conveniencia coyuntural de esas historias.

Durante el siglo pasado, en Monterrey nacieron empresas que crecieron lo suficiente para controlar los mercados del vidrio o la cerveza. Eso les permitió invertir en tecnología cuando los mercados se abrieron al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica.

La dueña de OXXO, FEMSA, presidida por José Antonio Fernández Carbajal, tiene un negocio que fabrica los refrigeradores industriales Imbera. Grupo Alfa, de Armando Garza Sada, consiguió convertirse en proveedora de empaques y manufactura automotriz de alto nivel.

Hoy, pocos quieren invertir en manufactura, con lo que evitan riesgos, de acuerdo con datos revelados por el Inegi.

Pero hay opciones, las telecomunicaciones ofrecen caminos en materia de fintech, de ciencia de datos, de inteligencia artificial aplicada por ejemplo… en salud. Pero no hay una estrategia de Estado. Ojalá que alguien tome nota en el gobierno. ¿Qué empresas quiere para el final de su sexenio, Presidente? Necesitaremos comprar ambulancias nuevas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.