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¿Por qué los recibos de luz ‘alivianan’ sus aumentos?

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¿Por qué los recibos de luz ‘alivianan’ sus aumentos?

11/08/2020

Al menos el precio de la electricidad está frenando. Ustedes, dueños de negocio o habitantes de una casa pagan este año precios por arriba de los de 2019, de acuerdo con el Inegi, pero el ascenso se redujo con respecto al de otros años.

Varios son los factores que influyen: la reducción en el precio del gas natural, del diésel y del combustóleo que queman la mayoría de los motores de la CFE y sus proveedores, que comenzó desde el momento en que el Covid-19 redujo la velocidad del mundo, tuvo que ver, indudablemente.

Pero hubo algo más y que es poco reconocido en estos días: la entrada en operación de parques de generación de energías limpias y… cada vez más baratas.

Ayer, a una distancia de 15 minutos en bicicleta de Puerto Progreso, Yucatán, Benigno Villarreal del Río protagonizó una inauguración de esas que son atípicas, más en estos días de encierro. A la pompa de la presencia del mandatario estatal, Mauricio Vila, faltó quizás el complemento de algún funcionario federal en el estrado, pero la celebración cumplió.

Su empresa, Vive Energía, finalmente tuvo la modesta ceremonia que puso el sello a año y medio de trabajo para instalar decenas de aerogeneradores, cada uno de los cuales podría alimentar un centro comercial, con todo y restaurantes.

El Parque Eólico de Progreso agrupa gigantes de 120 metros de altura con 2.5 megawatts de capacidad de generación individual marca Envision, una empresa china asociada con el proyecto de la empresa mexicana que también contó con capital europeo.

China tiene mucho que ver con la baja en los precios internacionales de la electricidad proveniente de la energía del sol y del viento, con pandemia o sin ella.

En 1998, cuando la generación de eoloeléctrica era más bien una cosa rara, el costo promedio de esos 2.5 megawatts de capacidad de generación que ustedes ven en forma de gigante ventilador, rondaron 6 millones de dólares en el país asiático, de acuerdo con datos de la International Renewable Energy Agency. Sólo 10 años después, el monto de esa inversión había bajado a 2.5 millones de dólares y hoy en China pueden conseguirlos por 1.3 millones de dólares.

Por eso tal vez es posible instalar un parque entero de 90 megawatts con 155 millones de dólares, como el inaugurado ayer en Yucatán.

La energía que entregue el parque será pagada por CFE a un precio equivalente a 4.7 centavos de dólar por kilowatt hora, de acuerdo con el contrato firmado por Vive Energía y sus socios en 2015, cuando iniciaron las licitaciones en las que ganó quien ofreció el menor precio y entonces, el tipo de cambio la marcó debajo de 80 centavos de peso por unidad.

Hoy, la CFE puede cobrar esos kilowatt hora en un rango que va de 85 centavos a 1.61 pesos a fábricas instaladas cerca del puerto de Progreso, sin contar otros cargos fijos incluidos en la factura correspondientes, por ejemplo, la reserva de capacidad de generación. Ellos son quienes están entre quienes la pagan más barata.

Uno de los populares restaurantes de la playa en la misma zona podría pagar ese kilowatt hora a 3.47 pesos, de acuerdo con tarifas vigentes en baja tensión para negocios.

Aún y cuando puede parecer alto, ese precio desacelera su aumento, a decir de los datos a julio presentados por el Inegi que revisa los precios al productor.

Hay un rubro en el que el instituto aborda el incremento en los precios de generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos, al consumidor final.

Éste aumentó 1.30 por ciento en un año contado hasta julio, muy por debajo de la inflación general y también de los aumentos de las tarifas de electricidad en las casas, que se elevaron 2 por ciento en un año. El año anterior, ese indicador para productores aumentó 3.4 por ciento y en 2018, 10.64 por ciento. Sí, los datos oficiales indican que las tarifas públicas desaceleran y en parte eso es provocado por la tecnología de energía renovable.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.