Por Pemex... ¿hasta los pulmones?
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Por Pemex... ¿hasta los pulmones?

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Por Pemex... ¿hasta los pulmones?

06/05/2020
Actualización 06/05/2020 - 9:54

Después de 'cocinar' el petróleo en una refinería, Pemex obtiene gases como los que usan ustedes en su cocina y líquidos como la gasolina, pero hay restos que sirven poco.

Uno de esos restos es viscoso, muy parecido a lo que sale del carro cuando le cambian el aceite en el taller. Lo llaman combustóleo y su quema levanta nubes negras como las del incendio de un bosque.

No estoy por defender al exdirector de Comisión Federal de Electricidad (CFE), Enrique Ochoa Reza. Cada quien armará con su fotografía un nicho o un pequeño tiro al blanco para jugar con dardos, de acuerdo con sus pasiones.

Pero el exlíder del PRI y antes, de la CFE, sí hizo algo positivo por sus propios hijos y por los de ustedes: en sus días al frente de esa empresa invirtió dinero de los mexicanos en cambiar fierros de viejas plantas de generación de electricidad para convertirlas en términos coloquiales en 'ambidiestras'.

De esa manera, al mover unas cuantas palancas, podrían consumir menos combustóleo y en su lugar, hacer combustión con gas natural, que es menos contaminante y en estos días sumamente barato. Muchas fueron modernizadas.

Paralelamente, el gobierno generó diversas subastas para que inversionistas ofrecieran la electricidad más barata posible a los mexicanos con fuentes renovables de energía como el viento y la luz solar. Lo ordena una nueva ley de transición energética que llevaría a los mexicanos hacia el camino de la producción de energías limpias encabezado por Alemania, entre otras naciones. En eso llegó el nuevo gobierno.

Dos mensajes del presidente Andrés Manuel López Obrador presagiaron un cambio en toda la estrategia.

Uno consistió en pararse cerca de una una montaña y señalar aerogeneradores girando a lo lejos, para luego decir que, a su juicio, resultan horribles.

Otro, en explicar que la caída en la demanda de petróleo en el mundo no le deja de otra a su administración, que la de evitar la exportación de petróleo para mejor meterlo a las refinerías nacionales para producir gasolina.

Dicho de otro modo, para que lo que no paguen afuera los extranjeros, lo paguen los mexicanos directamente en la bomba.

Eso tiene una consecuencia, como expliqué al inicio. El procesamiento de crudo en refinerías conlleva la producción de gas, de gasolina e inevitablemente de ese desecho llamado… combustóleo.

El presidente quiere duplicar urgentemente el procesamiento de crudo nacional este año. Por tanto, viene más combustóleo.

Puede defenderse la intención de modernizar las refinerías. Fue terrible el abandono de Enrique Peña Nieto al sistema nacional de combustibles que dejó en condiciones deplorables esa infraestructura durante su presidencia.

¿Pero hasta qué punto son válidas las acciones del actual gobierno ante su urgencia?

Pongamos esta acción como ejemplo: el bloqueo total a las plantas de generación con energía eólica y solar.

El gobierno lanzó un anuncio en pleno puente vacacional para detenerlas, cuyos detalles ustedes pueden precisar con una ligera búsqueda en Google.

Lo hizo a través del Centro Nacional de Control de Energía (Cenace), dirigido por Alfonso Morcos Flores, un ingeniero graduado en una facultad bien conocida en Nuevo León: en FIME, de la UANL. Los argumentos expuestos por la institución fueron tan pobres que dan paso a una especulación inmediata: lo hicieron porque deben abrir espacio al combustóleo que saldrá de las refinerías una vez consumado el plan oficial. Ese espacio está en plantas de generación de CFE o en el mar, al que le cabe todo.

Sacar pues la producción de energías limpias del sistema nacional parece tener la intención de salvar la operación de Pemex a costa del cielo y los pulmones de los mexicanos que viven cerca de las plantas de generación de la CFE que lo utilicen.

Espero que resulte provechoso, aunque no percibo por dónde.

Lo que pueda ganar Pemex terminará pagándolo la gente y la CFE. Alere Flammam Veritatis.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.