Parece que el presidente ya canceló las rondas petroleras
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Parece que el presidente ya canceló las rondas petroleras

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Parece que el presidente ya canceló las rondas petroleras

10/01/2020
Actualización 10/01/2020 - 9:12

Dos declaraciones contundentes de esta semana validan la cancelación presidencial de las rondas petroleras, elemento estrella de la reforma energética:

“¡Cómo vamos a convocar a nuevas rondas! No tiene sentido. Esto no es un asunto político, ideológico, es juicio práctico”, dijo públicamente el presidente Andrés Manuel López Obrador el miércoles. “Las rondas para que particulares extraigan el petróleo no dieron resultado, o sea, no funcionó”, añadió.

Basados en esas palabras, no esperen una próxima convocatoria.

El mercado no reaccionó. Si sirve de indicador, el peso ganó algo ese día.

Es posible que quienes mueven los indicadores, como los administradores de Afore, ya descontaron que este sexenio las rondas no regresarán.

El presidente tiene razón en dudar de todo lo que hicieron con el petróleo en el pasado. Petroleras como Exxon, BP y la misma Pemex dañaron el medio ambiente gravemente.

Y recuerden ustedes cuántos ejemplos colecciona el país de corrupción de gobernadores y otros políticos que usaron mal el dinero de la bonanza petrolera del barril a 100 dólares.

Lo que sí parece ideológico es la cancelación de subastas petroleras que de facto ya opera.

El presidente argumenta que los ganadores apenas producen 10 mil barriles diarios, de un total de 1.7 millones de barriles que hoy produce México, gracias a Pemex, principalmente. Que las empresas privadas no invierten. Parece una razón sólida.

Pero, antes. ¿Cómo operaron estas subastas?

Ante el público y medios de comunicación en sesiones abiertas en un auditorio de Nafin ubicado en Insurgentes Sur, los postores entregaron su oferta en sobres cerrados.

Sin saber lo que la competencia ofrecía, cada uno en secreto escribió antes un porcentaje de participación en las utilidades para entregar al Estado mexicano como 'socio' del proyecto. No hablamos de impuestos que además pagarán, sino de ganancias.

Ante decenas de cámaras de televisión de cadenas nacionales e internacionales y cientos de individuos, contando involucrados y curiosos, cada subasta fue difundida.

Para cada bloque se abrieron los sobres de los interesados. El que más ofreció se quedó con el premio.

En promedio, los 111 contratos entregados prometieron entregar al erario 80 por ciento de las utilidades producto de la venta de crudo y gas. Parece buen negocio si el dinero cae en las manos de un honesto.

Es al gobierno de López Obrador al que le corresponde cobrar. También, denunciar bajo contrato a quien incumpla con compromisos de inversión y pedir una retribución por la falla, si ésta existe. Ésa es otra de las razones que esgrime el presidente para parar las rondas.

Conviene al gobierno revisar si los ganadores están en tiempo. Pemex, por ejemplo, aún con el empeño de su director Octavio Romero, no llega al promedio de 1.8 millones de barriles diarios prometidos al presidente para diciembre de 2019, quien luce impaciente.

AMLO asegura que alguien prometió que para estas fechas habría una producción nacional 3 millones de barriles, con ayuda de la reforma energética.

Sí conozco un documento comprometedor previo a la elección de 2018: “Para 2040, si México es constante en la construcción de mercados competitivos y una economía del conocimiento con pleno apego a la transparencia y la rendición de cuentas, su producción actual podría crecer en hasta 40 por ciento”.

Eso nos llevaría a 2.4 millones de barriles, en 20 años. El documento de 205 páginas, es la Agenda 2040, Transformando a México, publicado por la AMEXHI, que aglutina a las petroleras privadas que invirtieron en el país.

A sus dueños sí se refirió el presidente el miércoles: “me dicen que para el 2024 van a aumentar la producción en 200 mil barriles con estos contratos. Pues ojalá”.

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.