Nos queda lejos lo bueno
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Nos queda lejos lo bueno

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Nos queda lejos lo bueno

15/03/2019
Actualización 15/03/2019 - 10:30

Si las exportaciones de México fuesen un pastel se partirían en tres: Un tercio, máquinas y electrónicos, como pantallas, por ejemplo. Otro tercio, automóviles, vehículos de transporte en general… el otro tercio es un champurrado que incluye petróleo y crecientemente, alimentos frescos o procesados.

Vendemos cosas que podemos tocar. Aquello que no puedan sentir nuestras manos, no entendemos cómo ofrecerlo y es ahí en donde hay mayores utilidades.

Va un ejemplo: ¿Quién compró recientemente un paquete de software para la computadora de la casa o del negocio?

Europeos, asiáticos y estadounidenses llevan mano en la venta de esos servicios y los vecinos al norte, con un par de años de exportaciones solamente de este rubro pagarían todo el valor de la economía anual de Rusia o la de México y les sobraría cambio.

Durante las dos últimas décadas, los gobernadores mexicanos pelearon entre sí para traer a Ford, GM, Nissan o a BMW, que afortunadamente trajeron empleo al país. Tanto los mandatarios estatales como los presidentes recientes tal vez pusieron poca atención a un dato en las hojas contables de estas empresas: sus márgenes van a la baja.

El margen de Ford bajó de 16.1 por ciento de sus ingresos en 2013, a 8.1 por ciento en 2018, de acuerdo con datos de su (EBITDA) recopilados por Bloomberg. De eso aún deben pagar impuestos.

Las utilidades netas de Ford Motor Company representaron en 2018 apenas tres centavos de cada dólar que cobró. Les urge bajar costos, subir salarios es contraintuitivo en estas condiciones. No es un caso aislado, los accionistas de GM cobraron siete centavos por cada dólar que vendieron. ¿Nissan? Fueron seis centavos en 2018; La emblemática BMW sólo dio a sus accionistas nueve centavos por cada dólar, como utilidad neta, de acuerdo con sus propios reportes a los mercados internacionales.

Pero los accionistas de Microsoft, por ejemplo, cobraron 26 centavos de cada dólar que vendieron, solo por citar a la más conocida. SAP, metida de lleno en servicios de inteligencia artificial, entregó utilidades de 18 centavos por dólar.

Es más factible que el accionista que se sienta bien pagado esté más incentivado a pagar mejor, amén de que su equipo produce cosas de mayor valor y hay pocos como ellos en el mercado, por lo que están en mejor posición para exigir mejores salarios.

El mundo va montado en una tendencia a la digitalización con nosotros o sin mexicanos. La única manera de subirnos al tren es involucrando a empresarios y educando a los más jóvenes.

“En su empresa, ¿se está usando Inteligencia Artificial (IA) como chatbots, automatización de procesos robotizada, ingeniería asistida por computadora o simulaciones para asistir en el diseño o soporte de los procesos de sus productos y servicios?”, preguntó a empresarios chilenos la firma de Inteligencia Artificial Anastasia de ese lejano país. Un 49 por ciento dijo que estaba en proceso de usar o haciendo algún uso de herramientas de inteligencia artificial.

Vista la incertidumbre que nos untó el presidente Donald Trump con su vacilar sobre el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica que pone en vilo nuevas inversiones automotrices. ¿No convendría educar a muchachos en técnicas de última generación? Una educación universitaria de estas características en las mejores del mundo cuesta unos 50 mil dólares de colegiatura por alumno. Podríamos graduar a 160 mil jóvenes con lo que nos costará la nueva refinería de 8 mil millones de dólares. Vale la pena pensarlo: las petroleras tampoco están en boga, Exxon le saca ocho centavos de utilidad a cada dólar y la europea BP, la mitad de eso.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.