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¿Los mexicanos se comen Norteamérica?

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¿Los mexicanos se comen Norteamérica?

22/10/2018

Creyeron que iban al precipicio. En 1994, los empresarios que producen comida en México esperaban que las empresas estadounidenses los desaparecieran en cuanto entrara en vigor el viejo Tratado de Libre Comercio de América del Norte. El TLCAN.

A 24 años de distancia, las exportaciones que en aquellos días sumaban 4 mil millones de dólares anuales, hoy alcanzan los 35 mil millones de dólares. Las predicciones no solo resultaron erradas, sino que simplemente no consideraron un escenario de éxito para los mexicanos.

Hoy empresas mexicanas del sector no solo exportan, sino que muchas compraron empresas estadounidenses y ahora avanzan hacia el norte.

Las más visibles son Bimbo, de Daniel Servitje; Lala, de Eduardo Tricio Haro; y el sorpresivo anuncio reciente de que ahora Manuel Barragán y su hueste de Arca Contal van a vender Coca Cola a los texanos.

Eso sin contar las gigantes exportaciones de carne que hacen el trío conformado por Eugenio Baeza Farés, Jesús Vizcarra y Fernando Senderos Mestre, de Bafar, Sukarne y Kuo, respectivamente.

Si bien México apenas se integra al negocio de alto valor en materia energética, en el sector alimenticio está en la punta de la flecha de la vanguardia.

¿Por qué entonces los mexicanos no están hablando de lo conveniente que resulta el libre comercio? ¿por qué siempre parece inminente el arrebato de políticos en torno a la posibilidad de cerrar la puerta aquí o cerrarla allá?

Ese tipo de preguntas las enfrentan en estos días en el poderoso gremio del Consejo Nacional Agropecuario, presidido por Bosco de la Vega.

Sucede que durante los 24 años que lleva de vida el TLCAN vigente, todos olvidaron la relevancia de armar una narrativa que contrarrestara la de aquellos que inevitablemente sí resultaron afectados por la llegada de insumos producidos más eficientemente en Estados Unidos o en Canadá.

Ellos, merecidamente, reciben el eco de políticos que salen en su defensa para procurar una ampliación en los beneficios del comercio global de comida.

El problema es que la otra historia simplemente ha permanecido al margen. No hablan los ingenieros agrónomos o los profesionistas expertos en industrialización alimenticia, los trabajadores administrativos de las empresas beneficiadas, tampoco sus obreros, o los hijos de todos ellos que gracias a esa prosperidad pueden estudiar la universidad y pensar en otras rutas para ellos mismos.

Atención que ese mismo problema lo enfrentan estadounidenses, canadienses y mexicanos. Para muestra consideren que los mejores aliados que tuvieron los empresarios agropecuarios mexicanos durante la reciente negociación del nuevo T-MEC, fueron Sonny Perdue, secretario de Agricultura de Estados Unidos y la misma US Chamber of Commerce, presidida por Tom J. Donohue.

No se trata de negar que hay una buena parte del campo afectada por la competencia del extranjero en todo Norteamérica, sino de balancear esa información con la otra parte del cuento.

Todo lo anterior es la conclusión a la que llegaron los empresarios de Norteamérica acerca de una importante omisión de décadas, que pronto intentarán compensar participando en esa conversación para no esperar a que venga otro político a mover el escenario sin razones basadas en hechos, como lo hizo el presidente Donald Trump.

Una idea por ejemplo: México estará a partir del nuevo tratado entre los 5 países del mundo con más altos estándares de inocuidad y sanidad alimenticia. Esperen novedades.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.