Las empresas no tienen para pagar esta crisis
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Las empresas no tienen para pagar esta crisis

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Las empresas no tienen para pagar esta crisis

20/03/2020
Actualización 20/03/2020 - 10:48

Casi nadie supo sino hasta una semana después. El lunes 6 de octubre de 2008, seis personajes aparecieron convocados en las oficinas de Credit Suisse de la Ciudad de México.

Eran nerviosos representantes de Goldman Sachs, Banamex, Barclays, Santander, Merrill Lynch y JP Morgan que ese día fueron informados de que Comercial Mexicana había vendido dólares para hacer negocio, pero sus directivos no contaban con la peor crisis que había azotado al mundo… hasta entonces. El dólar se disparó y la abarrotera corría el riesgo de inclumplir compromisos adquiridos con todos ellos. No fue la única empresa mexicana que incurrió en el error. Otras jugaron el mismo juego. Muchas podrían quebrar.

Así entró México a la Gran Recesión de 2009. Ese año la economía cayó 5.3 por ciento.

Esta es una situación distinta. ¿Quién contaba en 2020 con el azote mundial de un virus? Una proteína que tiene la salud en riesgo y a las empresas mexicanas, de nuevo contra la pared. El dólar otra vez se disparó. Ya viene otro impacto.

“Ya existe una afectación al sistema económico y financiero de México”, advirtió ayer Francisco Cervantes Díaz al presidente Andrés Manuel López Obrador, mediante una carta.

“El Estado mexicano no tiene la capacidad financiera para crear programas aislados de apoyo similares a los que han instrumentado en Estados Unidos, Europa y China”, expuso el presidente de la Concamin, quien añadió: “A nivel internacional, los programas de inyección financiera instrumentados por el sistema de la Reserva Federal no han tenido éxito”.

Otro análisis, pero de Coparmex Nuevo León, aportó ayer otro dato a partir de pronósticos como el de Bank of America, que advierte una caída de 4.5 por ciento de la economía nacional para este 2020: estamos a punto de ver el posible cierre diario de unas 30 empresas, de aquí al final de este año.

“De cumplirse los peores pronósticos sobre el crecimiento de la economía mexicana para ese 2020, unas ocho mil 166 empresas formales micro y pequeñas están en riesgo de cerrar en el país, como ocurrió en la crisis económica de 2009”, advirtió Coparmex.

De éstas, casi dos mil 300 podrían dar hoy empleos con prestaciones a grupos de entre seis y 50 trabajadores, de acuerdo con el análisis de Coparmex.

Ante el golpe inminente hay que resistir el empuje del pánico.

En este país aún existen tres poderes. Uno de ellos, el Judicial, tiene un camino listo para empresarios que teman la cercanía de la insolvencia. Conviene recordarlo.

Quien a tiempo consulte la Ley de Concursos Mercantiles y sus procesos antes de entrar en problemas, puede tener de facto un escudo, por principio un año de negociación antes de que le cobren intereses moratorios.

Son mil 680 millones de pesos los que en teoría debe la productora de productos biofarmacéuticos mexicana Probiomed, de Jaime Uribe. Una empresa cuyos problemas empezaron aparentemente por una pugna por una patente. Todo previo al coronavirus.

Esa compañía destaca entre las que iniciarán este año un proceso al amparo de concurso mercantil. No podemos esperar que sea la única.

Algunas se sumarán y otras que lo necesiten no lo harán, tal vez porque sus líderes piensen equivocadamente que al hacerlo se aproximan a una bancarrota. La consigna de la Ley de Concursos Mercantiles tiene justamente el propósito contrario: salvar a las empresas y sus empleos. La fabricante de parabrisas y ventanillas Grupo Vitro reportó utilidades en siete de los ocho años posteriores a su concurso mercantil.

No obstante, el riesgo regresa. Ayer la compañía avisó a sus accionistas que sus clientes fabricantes de automóviles están cerrando plantas temporalmente.

Es de beneficio social dar seguimiento a empresas en necesidad de protección.

Aporto mi parte. Búsquenme en redes sociales para intercambiar opiniones sobre concursos mercantiles.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.