La poesía de la jefa
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La poesía de la jefa

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La poesía de la jefa

04/11/2019
Actualización 04/11/2019 - 9:29

Ella disfruta de escribir, aunque sostiene que la poesía no necesariamente es escrita, sino también la reflexión constante que permite ser consciente de lo que se hace y hacia dónde lleva esa acción.

Lo dijo la administradora del Servicio de Administración Tributaria (SAT), Margarita Ríos Farjat, en una entrevista para El Financiero Bloomberg.

Lo que ella hace en estos días que toma control del fisco puede tener la consecuencia de traer más dinero al erario, lo que es loable, al tiempo que desincentiva a dueños de empresas que no se quejan con frecuencia públicamente: accionistas de maquiladoras que empiezan a acumular cuentas por cobrar de IVA que, dicen, indebidamente no les devuelven.

La queja puede brincar la semana entrante en Oaxaca, cuando allá se reúnan líderes de empresas exportadoras en la 46 Convención Nacional Index del Consejo Nacional del sector, que preside Luis Aguirre Lang.

Pero estábamos con Ríos Farjat, una experimentada abogada litigante quien pretende que por principio el SAT cumpla con el Estado de derecho y provoque que los contribuyentes comprendan su obligación de pagar impuestos. Bien.

Tiene un reto. Consiste en enfrentar a un buen número de contribuyentes que ya los pagan y dos veces, pues reciben desde hace años servicios de mala calidad del gobierno, por lo que terminan pagando a empresas privadas por su seguridad, educación y salud que debería brindarles el Estado a cambio de sus contribuciones.

Pero por algo debe empezar la jefa del SAT y comenzó entre otros, con los maquiladores.

¿La razón? Especialistas destacan que más de la mitad del IVA que cobra el SAT lo hace de las importaciones y exportaciones.

El origen del problema actual está, en parte, en compañías que tuvieron la mala fortuna de iniciar operaciones en México en plena transición política entre las presidencias de Enrique Peña Nieto y la de Andrés Manuel López Obrador.

Va un caso. Una empresa europea recién instalada espera que le devuelvan el equivalente a 2 millones de dólares de IVA que no obtiene debido a papeleo.

Ese papeleo pasa por la espera de una certificación IMMEX que debía entregarle una delegación de la Secretaría de Economía cuya oficina ya no existe y ahora depende de que la tramiten en la Ciudad de México una fracción de los funcionarios que solían hacerlo a nivel nacional.

Luego, de que entregue todos los documentos que acrediten que está debidamente dada de alta ante el SAT y que se asegure de que sus proveedores también. Estos últimos deben además estar al corriente de sus pagos. Si todo lo anterior ocurre, tendrá su devolución.

La empresa tramitó una devolución que después de seis meses sigue en proceso.

Así opera el Estado de derecho y alguien debía poner orden. Bien por Margarita Ríos Farjat. Pero atendiendo a la poesía, ella no puede esperar que ese esfuerzo solo tenga consecuencias positivas en el camino.

Advierten que el retraso de trámites desincentiva al menos temporalmente inversiones en nuevas plantas de fabricación con el consecuente impacto en una economía que en 12 meses contados hasta octubre decreció como no lo hacía desde 2009.

Por supuesto que el freno no es solo responsabilidad de Ríos Farjat. También influye, por ejemplo, que el equipo de Víctor Manuel Toledo Manzur, titular de la Semarnat, retrase trámites de Manifestación de Impacto Ambiental o que el nuevo Tratado México Estados Unidos y Canadá no haya sido ratificado en el país del presidente Donald Trump.

Seguramente el SAT no tiene la intención de quedarse indebidamente con ingresos que no le corresponden aunque resulten urgentes para un gobierno que hizo mal las cuentas de este año. Probablemente todo sea debido a un proceso de ajustes.

Por eso hay soluciones en camino. Por ejemplo, la próxima posibilidad de que cámaras y asociaciones privadas asuman la responsabilidad de emitir las certificaciones de decreto IMMEX (Industria Manufacturera, Maquiladora y de Servicios de Exportación).

Eso evitará cuellos de botella, pero no impedirá la dura y debida fiscalización del SAT. Todo eso, empero, tiene consecuencias y hay algo peor para el empleado que percibe el mal sueldo que ofrece la maquiladora y eso es no recibir ingreso alguno.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.