El pánico es temporal, señor presidente, la confianza no
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

El pánico es temporal, señor presidente, la confianza no

COMPARTIR

···
menu-trigger

El pánico es temporal, señor presidente, la confianza no

10/03/2020

Gerardo Esquivel tiene razón. El golpe de ayer vino de afuera, dijo el subgobernador de Banxico.

Casi todas las empresas del mundo se depreciaron ayer en las bolsas del mundo, también el oro… y el petróleo por donde todo detonó el fin de semana. Arabia Saudita puso en remate su crudo y con ello al parecer intentó torcer el brazo de Rusia, en represalia por no sumarse a un recorte en la producción masiva de esta materia prima para aumentar los precios. Cayó el petróleo y luego vino lo demás.

A decir de lo poco que ganó valor ayer, el dinero se fue de la cuenta de inversionistas al platino, al yen japonés…

Es pánico y va y viene con relativa frecuencia. Ellos vendieron acciones y monedas que consideraron riesgosas. Al precio que fuera.

En México la dueña del Oxxo, Femsa, fue la que más perdió valor. Luego estuvo la administradora del Aeropuerto de Guadalajara, GAP. Solo las acciones de Elektra se apreciaron.

Si únicamente consideramos por ejemplo la caída de 31 por ciento en el valor de la Mezcla Mexicana, podríamos comparar esta circunstancia con el shock de 2009, pero no es lo mismo. No aún.

En esos días, los banqueros estadounidenses se dieron cuenta de que nadie iba a pagar miles de créditos hipotecarios que dieron a desempleados o trabajadores de escasos recursos. Como fichas de dominó cayeron instituciones, empezando con Lehman Brothers. Si les gusta la historia, vayan al sitio lehmanbrothers.com. La confianza en el sector financiero se rompió de inmediato y costó unos 10 años recuperarla.

Hoy estamos en riesgo de caer en un pozo más profundo. El sector financiero es una pieza fundamental de la economía, pero ésta última es el juego completo y las fábricas paradas en China por causa del coronavirus golpearon fuertemente el sistema productivo del mundo. Aún hay mecanismos de defensa, si los gobiernos construyen un nivel razonable de confianza. A diferencia de 2009, aquí todavía hay tiempo.

Pero atención, cuando un líder de cualquier país se salta las reglas y comienza a tomar decisiones argumentando el beneficio del pueblo sin más juicio que el que ocurre en su mente, nadie puede estar seguro de cuál será su próxima jugada.

Esta vez fue la realeza árabe la que tomó una decisión parecida a la del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuando disparó aranceles a distintas naciones. Es su modo de jugar. Sí vino de afuera el golpe que hizo tropezar a todos, pero cómo se levantará México es cuestión de los mexicanos. Cada nación busca sus métodos.

Los inversionistas del sector energético dejaron de poner atención cuando el gobierno mexicano detuvo licitaciones y comenzó las contrataciones directas sin concurso.

Esos mismos inversionistas esperaron nuevas reglas de inversión el mes pasado.

No llegaron. De acuerdo con Reuters, varias naciones revisan ya sus posiciones en el país.

Ahora el precio del crudo cayó y no está claro cuándo podría regresar a los niveles de 60 dólares de hace menos de tres meses. Es más difícil que les atraiga el riesgo nacional.

Sobre Pemex, a cargo de Octavio Romero, se mece una roca en la figura de las calificadoras crediticias que esperan ver resultados pronto, o quitarán el grado de inversión a la petrolera. Si eso ocurre, el tipo de cambio que ya está alrededor de los 21 pesos por dólar podría recibir otro impacto.

Es una sola la tarea de los mexicanos: construir confianza para generar inversiones, muchas. No es solo responsabilidad del gobierno. Es también de empresarios nacionales y de los mismos consumidores que hoy detienen, entre otras, las compras de autos nuevos.

Por algún lado hay que empezar y el inicio, por su poder y por responder generalmente a un solo líder, es prerrogativa del gobierno.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.