El cielo gris y la moral hasta el suelo
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El cielo gris y la moral hasta el suelo

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El cielo gris y la moral hasta el suelo

15/05/2019

Lo conocí el año pasado en su actual etapa de autorrealización, ésa en la que uno idealmente ya no espera recibir, sino dar. Raúl Monforte fue hace décadas secretario de Agricultura en su estado, Yucatán, lo que le generó adeptos y detractores. Hoy en su rancho produce suelo.

Quienes nacimos en la Ciudad de México devastada por el pavimento desde hace años, no tenemos manera de percibir el daño que hacemos al suelo los mexicanos, nos queda lejos el avance urbano. En la capital hace décadas que matamos los bosques y luego cubrimos con negro impermeabilizante el suelo para que no crezcan más pinos. Nunca más, si es posible, para que transiten los carros.

Los chilangos sabemos que alrededor sí hay árboles. Hacia Cuernavaca, hacia Toluca, hacia Michoacán… muchos de esos árboles mutan hoy en ceniza micrométrica que nos invade. Se acaban.

En Monterrey, Querétaro y en Mérida atestigüé el avance del pavimento. Las tres ciudades entraron en un frenesí inmobiliario en pos de las utilidades de constructores y de la gente que hoy aspira a una “vivienda”.

Monforte sabe que la cosa ya cambió, que el clima se calienta y la Tierra nos cobra el daño, así que detenernos ya no urge… es cuestión de supervivencia.

En un tercio de su rancho de Sucilá solo alimenta árboles variados de la región, en natural desorden. Sus hojas caen y alimentan el suelo, como fue todo en un inicio. Es una herencia económica que les dejará a sus hijos y nietos. El buen suelo en Yucatán es escaso y en el mundo escaseará cada vez más. El suelo fértil es crecientemente valioso.

Él lo produce y además está produciéndolo para empresarios, a manera de servicio que comercializa… por aquí el dueño de una empresa turística, por allá otro que envasa bebidas. Ellos invierten en suelo, le pagan a la empresa de Monforte por cuidar y mejorar la tierra de sus propiedades en las que también “cosecharán” caobas y cedros que sembró el equipo del exfuncionario.

No es el único. El mismo jefe de la oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, regenera suelo por la vía de cosechas que deja morir para que alimenten el suelo. En la Península del sur la gente habla de un empresario de Monterrey que logró sembrar árboles de Teca, una madera preciosa bien valorada por los asiáticos, lo mismo que hace Proteak, la empresa dirigida por Omar Nacif, que produce futura madera de la misma manera sustentable.

Pero a decir de un reportaje de los periodistas Cristian Rodríguez y Arturo Contreras, en Pie de Página, citado ayer por Pedro Kumamoto, hay criminales que ante la escasez de suelo queman bosques para así usar el producto de bosques que no cuidaron.

https://elfinanciero.com.mx/opinion/pedro-kumamoto/mexico-se-quema-i

Pretenden ahí producir aguacates, a la vista de los 2 mil 600 millones de dólares anuales que ya genera solamente la exportación del producto. Exigirán dinero a cambio de explotar un suelo que no les pertenece más allá del título de propiedad de una superficie, en un acto quizá legal, pero carente de moral, que es una razón de las que tienen la Ciudad de México bajo un cielo gris envenenado.

El Gobierno ya reaccionó con medidas de corto plazo, pero las de largo plazo son más importantes. Hacer una refinería en días récord de polución parece un despropósito. Alguien tiene que analizarlo seriamente. Más necesitamos hacer suelo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.