¿Con T-MEC en 2020 viene la recuperación?
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¿Con T-MEC en 2020 viene la recuperación?

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¿Con T-MEC en 2020 viene la recuperación?

20/12/2019
Actualización 20/12/2019 - 9:25

Primero hay que entender por qué el dólar cotiza en aproximadamente 19 pesos para entender lo que puede venir por delante.

Imaginen tabiques que la moneda estadounidense fue poniendo encima de la nacional a manera de escalera, desde aquellos días en que pagaron 13 pesos por un billete.

Primero fue la caída en el precio de crudo de 2014 y la incertidumbre sobre ingresos fiscales que motivó, lo que borró para México ese número que durante un tiempo mostraron pizarras en casas de cambio.

Luego, el paulatino aumento en las tasas de referencia del Banco Central estadounidense, la Reserva Federal, que indirectamente empezó a pagar más intereses a ahorradores en dólares. La gente, nacional y foránea, empezó a comprar esa divisa y la adquirieron, por ejemplo, con pesos. Abundó quien quiso venderlos y eso los devaluó.

Vino otro escalón enorme, el Brexit, que si bien significó la potencial salida del Reino Unido de la Unión Europea, tuvo un mayor efecto: fue el primer golpe de realidad contra una nueva era geopolítica del mundo. Los mercados comprendieron que lo tradicional o convencional está bajo amenaza de la gente que tiene menos acceso a bienes, a servicios... a dinero.

Quienes tienen más capital, trataron de sacarlo de países más imprevisibles, como México. Vendieron más pesos que cambiaron por otras monedas.

Luego, la victoria de Donald Trump, la confirmación de que ya nada es previsible en política y la amenaza de este presidente a todo el sistema de compra y venta global. ¿Alguien todavía recuerda para qué sirve la Organización Mundial de Comercio?

Finalmente, el aviso de la cancelación de un aeropuerto por parte del ganador de la elección presidencial en México, Andrés Manuel López Obrador. El dólar llegó casi a 21 pesos.

El tiempo mostró que ni AMLO quiere acabar con toda inversión privada, ni Trump con el libre comercio norteamericano. Ayer el nuevo T-MEC sacó una pata del cascarón y es muy posible que pronto esa ave dé sus primeros pasos.

¿Eso significa que viene un año magnífico? No. Positivo, tal vez. Mejor que 2019, muy probablemente. Norteamérica es ahora la excepción mundial.

“Tiene menos incertidumbre que otros lados, se vuelve de manera relativa en un área preferente”, dijo ayer Arturo Herrera, secretario de Hacienda. Habrá de verse el rol que juegue México con este tratado que al parecer debilita su posición de lugar de mano de obra barata.

En un caso optimista, el tratado regresa a México a las aspiraciones mediocres 'neoliberales' de 2 por ciento de crecimiento anual. Este 2019 no creció. Un 2 por ciento puede ser bueno.

Lo definitivo es que Trump ya no tendrá en su retórica la narrativa de un mal tratado, como definió el TLCAN nacido en 1994, pues el T-MEC lo negociaron bajo su supervisión y representa su primera victoria como hombre de negocios en la presidencia de Estados Unidos.

El otro gran pilar de la economía para México bajo la gestión de López Obrador es el petróleo y sus derivados, en un sector dominado por Pemex.

Ahí no tejan expectativas. La producción petrolera aún no alcanza el nivel de 2018, pese al abandono en el que Enrique Peña Nieto dejó a la empresa productiva del estado.

No hay nuevos yacimientos gigantes y de encontrar un 'Cantarell', el tiempo necesario en la inversión petrolera implica que en ese caso hipotético el primer pozo produciría quizás en 2024.

Hoy la Reserva Federal ya no le 'compite' a México con una subida de tasas, el Brexit entra en un periodo de relativa certidumbre y el mundo ya digirió el impacto del gigante petrolero de América, Estados Unidos, que hoy produce tanto crudo como Arabia.

Desde el balcón de diciembre, el mar luce relativamente estable para navegar un año más o menos tranquilo, así, sin emociones… a menos de que la tormenta sea hecha en casa.

Nota: Esta columna dejará de publicarse por dos semanas y regresará el 8 de enero.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.