¿Cómo bajará AMLO el precio de la gasolina en 30 meses?
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¿Cómo bajará AMLO el precio de la gasolina en 30 meses?

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¿Cómo bajará AMLO el precio de la gasolina en 30 meses?

09/05/2019
Actualización 10/05/2019 - 11:52

Para el 1 de diciembre de 2021 faltan 30 meses. Es el tiempo que le resta al presidente Andrés Manuel López Obrador para empezar a bajar el precio de las gasolinas.

La gente le exige ya un resultado cuyo inicio él no ofreció pronto. Claramente explicó que durante la primera mitad del sexenio el combustible solo elevaría la tarifa al ritmo de la inflación general. Lo advirtió desde la campaña, pero cada quien entendió lo que quiso.

También dijo que el modo de bajar el precio de la gasolina consiste en producirla localmente. Dejar de exportar petróleo crudo y mejor usarlo para producir combustibles acá.

Ante su condición de deterioro, reparar las seis refinerías del país ayudaría, pero él se obstinó en dos tareas: construir un nuevo complejo y hacerlo en su tierra natal, Tabasco, bajo el argumento de que está cerca del área de suministro de petróleo, aunque el consumo del centro de México quede lejos.

Pero el presidente se puso un límite. La gasolina debe bajar antes de que su mandato inicie el cuarto año y para eso sus opciones son pocas: aumentar la producción nacional, bajar impuestos en la gasolina o esperar el triste milagro de una crisis económica global que disminuya el precio del petróleo, la materia prima.

Aumentar la producción nacional depende de reparar refinerías o de terminar la de Dos Bocas. Ya movió la fecha de realización del citado proyecto y ahora los 36 meses iniciales que se impuso de plazo para terminar esa infraestructura, serán 42 contados desde el comienzo de su gestión: “Se van a crear 100 mil empleos en la construcción y va a estar terminada para mayo de 2022. Me canso ganso”, dijo ayer.

Movió la fecha porque no le gustó al presidente lo que le propusieron las empresas a las que invitó: “Se pasaron de los 8 mil millones de dólares y en el tiempo de construcción”, argumentó.

¿Puede AMLO hacer una refinería con la gente de Pemex? La secretaria de Energía Rocío Nahle más bien tiene experiencia en petroquímica, pero puede echar mano de ingenieros de la empresa:

A Fernando Manzanilla Sevilla, por ejemplo, le atribuyen la puesta en marcha de algunas plantas en las refinerías de Azcapotzalco, Minatitlán, Ciudad Madero y Salamanca, pero él ingresó a la empresa en 1955 y falleció en 1992. A Jaime Hernández Balboa le conceden la construcción de las refinerías de Cadereyta, Salina Cruz, y la de Tula. Desafortunadamente murió el año pasado.

Desde los setenta no hay refinerías nuevas, lo que dificulta encontrar a alguien que tenga experiencia en la instalación de una.

¿Quiénes se aproximan a ese conocimiento? Me hablan de Enrique Delgado, Alberto Ruelas, Máximo Téllez y Fermín Narváez, este último coordinó el único proyecto de reconfiguración exitoso, en Cadereyta.

Alguno de ellos podrá aportar al equipo, pero hay dificultades financieras encima. La nueva responsabilidad de Pemex “eleva el riesgo de retrasos y sobregiros de costos que pudieran sumar más presión a las finanzas” expuso ayer Peter Speer, vicepresidente senior de Moody’s, en un comunicado levantado por Reuters.

En cualquier caso, un buen deseo es que el presidente tenga éxito en una complicada fórmula: aumentar la fabricación nacional de combustibles en el plazo prometido con un costo de producción bajo que permita bajar el precio de la gasolina sin echar mano de los recursos del erario, todo ello sin presionar las finanzas de Pemex.

¿Lo mejor que puede ocurrir? No está siquiera en planes: incentivar —fiscalmente por ejemplo— la investigación y producción de autos eléctricos autónomos con base en energía renovable en México, para bajar el consumo de gasolina y generar empleos que verdaderamente paguen bien a la gente por lo que produce y no por decreto. Eso, estoy cierto, desafortunadamente no ocurrirá en el corto plazo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.