¿Cómo avanzará el sureste, presidente?
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¿Cómo avanzará el sureste, presidente?

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¿Cómo avanzará el sureste, presidente?

02/06/2020
Actualización 02/06/2020 - 9:59

El presidente quiere que avance el sureste. Sus actos lo evidencian. Apostó su capital político a proyectos alejados de las regiones que tradicionalmente han empujado la economía nacional.

Nada parece haber en el Aeropuerto de Santa Lucía, en el Tren Maya o en la Refinería de Dos Bocas que tenga un impacto directo en la economía de Monterrey o de Chihuahua.

El sureste puede avanzar, lo que no está claro es la estrategia que lo permitirá.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ayer dio el banderazo a los trabajos de construcción de un tramo ferroviario entre Cancún, Quintana Roo y el “pueblo amarillo” de Izamal.

Ese tramo no estaba en el plan inicial del mandatario. Yucatán no estaba en el plan inicial para el tren de la península de Yucatán.

Es un ejemplo del tipo de estructuración de proyectos que puede dar ideas de improvisación.

Cuando candidato, su equipo no dibujó el 'diamante' de vías férreas que hoy está montado imaginariamente sobre la península de Yucatán y que debe convertirse en caminos para un tren. Las vías propuestas entonces formaban una suerte de hamaca que conectaba a Quintana Roo, Campeche, Chiapas y Tabasco.

El 9 de junio de 2018, cuando buscaba votos para el hoy presidente, Miguel Torruco se reunió ante decenas de descendientes de inmigrantes congregados en el Centro Libanés de Yucatán.

Ese día, a los yucatecos el hoy secretario de Turismo les propuso crear el Museo de Armando Manzanero para atraer visitas y vestir de ropas prehispánicas a los actuales vendedores ambulantes indígenas instalados en Chichén Itzá, para crear una suerte de espacio mágico maya.

“¿Y el tren peninsular de AMLO pasará por Yucatán?”, le preguntaron. “Creo que no, responde”. “Mucho nos ayudará, entonces”, le respondió su interlocutor ubicado entre el público. Iniciada la administración, Yucatán fue incluido sin una ruta que ahora parece más clara.

El 12 de mayo habló directamente en una videoconferencia a hoteleros de Quintana Roo que deben beneficiarse del flujo de turismo del Tren Maya.

Los problemas que plantearon son muy prácticos: el nulo tráfico de visitantes para las islas de Cozumel o Mujeres y la falta de flujo de efectivo. No hay ventas.

Éste fue el resumen que el secretario publicó en Twitter:

“Uno de los temas que dominaron esta reunión de trabajo fueron el trámite de créditos bancarios, la publicación del tercer lineamiento de sanidad para hoteles y las medidas para la reapertura de la actividad y la seguridad. Apostaremos con todo al turismo interno para comenzar”.

Omitió un tema importante el secretario, quizás como producto de la limitación de espacio en la red social.

Ese día le plantearon la amenaza de muerte sobre todos los negocios basados en las islas de Quintana Roo, si no obtenían créditos urgentes.

A ellos, la oferta inmediata fue la de tomar los créditos de 25 mil pesos que estructuró el gobierno para el resto de los negocios en México, que quizá alcance para una quincena de un gerente, pero no evidentemente, para salvar un hotel.

Otra oferta fue la de acercar a los hoteleros con un banco comercial, cuyo director, dijo el secretario, es de toda su confianza.

Así surgen las soluciones para las empresas, con un olor a improvisación. Así surgió al parecer el modelo de negocio del Tren Maya, por eso está poco claro y hasta ahora, todo el dinero que derramará ese proyecto será para constructoras que no están basadas en el sureste que el gobierno sí quiere ayudar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.