Carlos Slim tuvo razón, Trump resultó ‘negotiator’
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Carlos Slim tuvo razón, Trump resultó ‘negotiator’

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Carlos Slim tuvo razón, Trump resultó ‘negotiator’

16/01/2020
Actualización 16/01/2020 - 9:40

Ayer, el presidente Donald Trump confirmó su habilidad como negociador. México, Canadá y China, tres países con gran experiencia en comercio exterior, fueron sus sinodales y a decir de lo que todos vimos ayer, el estadounidense muy probablemente aprobó el examen.

Estas dos frases resumen los hechos históricos del miércoles:

“El acuerdo fue firmado por el mandatario de Estados Unidos y Liu He, viceprimer ministro de China”.

“El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) completó este miércoles la aprobación de todos los comités del Senado estadounidense”. Ambas fueron noticia ayer en El Financiero.

Atención. En estos casos pasamos del supuesto final del comercio mundial que anunció la retórica inicial del candidato, al establecimiento de nuevas reglas en un comercio contundentemente abierto que está amarrando el ahora presidente Donald Trump.

En el proceso, él ganó, a decir de lo más relevante en cada acuerdo.

El gobierno mexicano quedó evidenciado como cómplice de empresas que principalmente vinieron a bajar sus costos con salarios pequeños. China de manera tácita, reconoció sus fallas, como la adquisición ilegal de propiedad intelectual.

Además, los estadounidenses avanzaron con China en cuatro años, quizás más de lo que adelantaron con Canadá en 20:

“Cada parte permitirá que un proveedor de servicios de calificación crediticia de la otra parte adquiera una participación mayoritaria en la empresa conjunta existente del proveedor”, dice el acuerdo firmado con el país asiático ayer.

Aunque aún limitado el espectro, luce más cordial ese trato que aquello de lo que se quejó conmigo en 2017, Jamie Dimon, director general de JPMorgan durante una entrevista para Bloomberg Businessweek México. https://bit.ly/2uLfUr0

“Cuando mis amigos canadienses, directivos de empresas, me dicen lo estupendo que es el TLCAN, les respondo: sí, pero es inequitativo. No, me replican. Es bueno para Canadá, para Estados Unidos y para México.

“Y les digo: miren, les daré un ejemplo, lo primero que se me viene a la cabeza: ustedes pueden comprar bancos estadounidenses y yo por ley no puedo comprar un banco canadiense. ¿Es eso justo?”.

Hace tres años, una soleada mañana de viernes de enero, Carlos Slim convocó a una atípica rueda de prensa.

Fue cuestionado en calidad de oráculo y muchas preguntas abordaron la posibilidad de que la economía mexicana se desplomara como consecuencia de las amenazas de Trump.

El magnate respondió ese día que el presidente de Estados Unidos “no es ‘Terminator’ es ‘Negotiator’”, a quien se le puede conocer, dijo, mediante su libro The Art of The Deal.

Ese texto incluye citas como la siguiente: “[Cuando] la gente me trata mal o injustamente o trata de aprovecharse de mí, mi actitud general, toda mi vida, ha sido luchar muy duro. El riesgo es que empeorarás una mala situación, y ciertamente no recomiendo este enfoque a todos. Pero mi experiencia es que si estás luchando por algo en lo que crees, incluso si eso significa esquinar a algunas personas en el camino, las cosas suelen salir bien al final”.

Y esta otra frase: “Soy el primero en admitir que soy muy competitivo y que haré casi cualquier cosa dentro de los límites legales para ganar. A veces, parte de hacer un trato es denigrar a tu competencia”. Trump negoció y obtuvo mucho de lo que quiso.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.