AMLO, por cada peso del Gobierno, 23 de los empresarios
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AMLO, por cada peso del Gobierno, 23 de los empresarios

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AMLO, por cada peso del Gobierno, 23 de los empresarios

09/09/2019
Actualización 09/09/2019 - 7:55

En 2020, dólar a 20. Es lo que estima el Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, entre otras grises predicciones. No son buenas las estimaciones de crecimiento tampoco, pero hay tareas pendientes que pueden cambiar rápidamente el estado de ánimo, si el líder del Ejecutivo vuelve a su esencia:

“Todos somos indispensables para hacer realidad el progreso con equidad que se requiere y que propugnamos muchos hombres y mujeres de buena voluntad”, reconoció AMLO en su libro 2018 La Salida, Decadencia y Renacimiento de México.

Esa frase es la que más peso tiene hoy a la vista de lo que divulgó su equipo ayer: que se estima que en el periodo 2020-2024 el PIB de México registre un crecimiento anual de entre 2.1 y 3.3 por ciento. No hay para la propia hueste del presidente todavía un escenario para pensar en el prometido 4 por ciento… salvo que alguien mueva las piezas del tablero, y a ellos les toca esa labor. Lo saben.

Las previsiones de Hacienda no consideran la reacción que puede tener AMLO, quien al final parece decidir todas las acciones de su Gobierno. ¿Cuál puede ser esa reacción?

“Un fortalecimiento del consumo por el efecto de los programas sociales y una mayor inclusión financiera; el impulso que realizará el gobierno a la inversión privada en infraestructura y sectores estratégicos; una mayor inversión pública y un incremento de las exportaciones por la reconfiguración de las cadenas de valor globales y la posición estratégica de México”, advierte el Paquete Económico 2020 entregado este domingo por Arturo Herrera, de Hacienda, a los legisladores.

¿Parece solo hipotético? Algo que puede ser nada más que un buen deseo, tal vez.

Curiosamente coincide con la visión que el mayor banco estadounidense tiene sobre la economía de México en el corto plazo. Las empresas mexicanas que JP Morgan sugiere seguir son: “Bimbo, Asur, AC (Arca), Walmex (Walmart de México), Megacable, Banorte y Pinfra”, de acuerdo con un reporte del 5 de septiembre. Pinfra, de David Peñaloza Alanís, es una constructora y concesionaria de carreteras. Depende del tráfico en carreteras y de las cuotas que pagan los automovilistas, sus acciones subieron de precio más de 7 por ciento en un mes.

Regresen al párrafo anterior y busquen las coincidencias entre actividades y compañías con buen talante.

La posibilidad de un giro en el pesimismo actual entre inversionistas depende en buena medida de lo que López Obrador tiene en mente.

“Debemos considerar que el gobierno cuenta con instrumentos suficientes para hacer posible la convergencia de los sectores público, privado y social para el desarrollo del país”, escribió también en el libro citado y distribuido durante su última campaña por la Presidencia.

“De acuerdo con nuestra experiencia esto es posible. En la Ciudad de México la rehabilitación del Corredor Reforma-Centro Histórico se realizó con la participación de la iniciativa privada, la sociedad civil, el gobierno federal y el de la ciudad”, describe en su texto sobre su gestión en la capital.

“En este programa, el gobierno de la ciudad invirtió 675 millones de pesos. Por su parte la iniciativa privada desarrolló 195 proyectos de construcción y remodelación de inmuebles, con una inversión de 16 mil millones de pesos; o sea, cada peso de inversión pública atrajo 23.3 pesos de inversión privada”.

La fórmula que funcionó en el Centro de la CDMX ya la escribió también el presidente: “Estos resultados se lograron porque se generó confianza, se simplificaron trámites y se otorgaron estímulos fiscales”. No hay que inventar el hilo negro.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.