A AMLO se le acaba el gas
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A AMLO se le acaba el gas

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A AMLO se le acaba el gas

30/11/2018
Actualización 30/11/2018 - 9:34

La advertencia es literal para el país que él gobernará. Quien a partir de mañana será presidente habla con frecuencia de la gasolina y del petróleo, pero no muestra ideas concretas para obtener gas natural y sin gas se detiene el país: con gas CFE genera electricidad que mueve el agua y la gente en las ciudades y la industria. Con gas las fábricas se mueven al descomponerlo o quemarlo en hornos.

Sin gas esas empresas no funcionan y dejan de consumir boletos de avión, hoteles, servicios bancarios y de diseñadores y desarrolladores. Cortan empleos.

Hoy, la débil Pemex produce una cuarta parte menos de gas natural que al inicio de la administración de Enrique Peña Nieto, pero México consume más. ¿La solución? Los mexicanos importan ahora el doble que en 2012, pero la capacidad de traerlo de afuera se agota. No hay suficientes tubos. No es culpa de AMLO, pero ahora el reto es suyo.

No parece haber preocupación: la electricidad que no pueda producirse con gas cuando no alcanzan las importaciones -como ya ocurre en la península de Yucatán- será producida con energía hidroeléctrica. Eso propone el Proyecto de Nación 2018-2024 del próximo presidente Andrés Manuel López Obrador. Es cierto, la limpia energía hidroeléctrica puede sustituir la menos limpia que produce el gas natural... cuando hay mucha. Iberdrola ha promovido insistentemente en México esta tecnología mostrando el funcionamiento eficiente de su hidroeléctrica de Aldeadávila, en la frontera de España con Portugal.

Estuve ahí. Con energía eólica alimentan las bombas que desde un embalse bajo suben agua al monte para llenar las presas altas y luego la echan abajo a través de una hidroeléctrica que produce electricidad suficiente, por ejemplo, para alimentar una cuarta parte de Monterrey. Un sistema cíclico de esos cuesta alrededor de mil millones de dólares. ¿Cuántos podemos construir? ¿En cuánto tiempo? Vicente Fox tardó un sexenio en construir solo una. Los permisos de comunidades no son fáciles de obtener, nadie quiere que inunden su terreno.

Habrá que preguntar además a la gente de Coahuila, Durango, Baja California o Zacatecas, de dónde pueden sacar agua para una hidroeléctrica, o a la gente de Quintana Roo y Yucatán, si hay modo de poner una presa aguas arriba, cuando lo que conocen son ríos subterráneos en una selva plana. Si ahí no se puede instalar una ¿desde dónde habría que traer electricidad? Quién sabe. Todo es posible para los ingenieros… o la imaginación.

Hay un asunto adicional, Iberdrola otra vez por ejemplo, que puede construir rápidamente un sistema de hidroeléctricas, tiene problemas. El Proyecto de Nación de AMLO da pistas de que no quieren a las de su especie:

“El punto principal es reducir el uso del gas natural de los productores independientes de energía (PIE 's) y evitar una alta dependencia de este combustible fósil para generar electricidad”, advierte el plan. Uno de los principales PIE’s es Iberdrola y a decir del texto, quieren bajarle el tamaño del negocio que opera en México. Puede tener su lado positivo, quizá.

En contrasentido, entre los cientos de páginas del Proyecto de Nación hay dos párrafos que proponen cómo producir más gas natural nacional: Uno: “Aumentar el esfuerzo de exploración y producción de gas natural para favorecer el impulso de la petroquímica nacional”. Y dos: “Elevar la eficiencia y la seguridad en la cadena de suministro de petrolíferos y gas natural. Concluir, lo más rápido posible, las reconfiguraciones y los proyectos de mejora de combustibles pendientes en el Sistema Nacional de Refinación”. Hasta ahí.

Si alguien recurre al pragmatismo ante esta necesidad, encontrará que hay varios ductos que pronto podrían importar gas natural de Estados Unidos, para fortuna de los texanos y para que acá pueda seguir operando el país, pero aquí hay otro bache: los “grupos sociales” que los tienen detenidos o en algunos casos reventados, literalmente.

En ánimo de resolver este gran lío hay que decirle mañana mismo a AMLO que se le acaba el gas. Se nos acaba a todos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.