Parteaguas

¿Y ese cablecito, Mérida?

Más que por el futbol, México fue conectado con Miami este año de un modo inesperado: por vía submarina, a través de un cable.

Esta ciudad peninsular ahora tiene un vínculo con Miami, Florida, y con Sudamérica por vía submarina, lo que permite que el internet en el país tenga una menor latencia, más velocidad y una mayor redundancia.

Los cambios ocurridos cada mes en la que fue la modesta ciudad de Mérida, pueden rebasar rápidamente la capacidad de observación de los locales y aún más, la del público que lee noticias en Polanco o en San Pedro Garza García.

¿Saben por dónde les llega el internet? Sí, por Telmex, Telcel, Izzi o Total Play. ¿Pero por dónde se conectan todas y su smartphone a las redes sociales de los medios europeos que hablan de la Champions?

Los satélites pueden ayudar, pero al final todo pasa por un cable. Vaya, por varios cables marinos que cruzan océanos, como el que acaba de conectar a la capital de Yucatán la empresa Liberty Networks como parte de una inversión de 250 millones de dólares para elevar la infraestructura de internet en el Caribe.

La relevancia de la inversión hecha por la empresa se basa en que esta ciudad peninsular ahora tiene un vínculo con Miami, Florida, y con Sudamérica por vía submarina, lo que permite que el internet en el país tenga una menor latencia, más velocidad y una mayor redundancia. ¿Claro, y qué rayos es todo eso?

Los gamers van a agradecerlo, pero más los bancos y la Secretaría de Hacienda que usan ahora inteligencia artificial para detectar transacciones fraudulentas usando inteligencia artificial que requiere montones de datos en poco tiempo. También, los productores de cine que crecientemente llegan a Mérida y necesitan enviar y recibir archivos pesadísimos. Ni hablar de nuevos residentes mercadólogos, trabajadores remotos ‘fabricantes’ de videos para TikTok que se convierten en buenos clientes de los constructores de edificios.

Además está el asunto de la reducción de riesgo, claro. Nadie desea un terremoto en la Ciudad de México, pero si ocurre, una interrupción del servicio de conexión que antes llegaba únicamente desde el norte, ahora tiene más alternativas desde el sur.

México estrena frontera con Florida

No es terrestre, pero este cableado submarino consolida un nuevo pasaje fronterizo que gestionan el gobierno de Yucatán, que obtuvo capital, y la Secretaría de Marina, con los permisos, para ampliar Progreso, un puerto opacado históricamente por Veracruz.

Empresas como la productora de tostadas y tortillas Mission, de Gruma, y la cervecera Heineken, están construyendo nuevas plantas de producción en Yucatán con valor conjunto de unos 600 millones de dólares. Se sumarían en un clúster alimentario con otras ya establecidas, como la productora de carne de cerdo Kekén y Grupo Modelo, dueña de Corona.

Van a atender clientes mexicanos, pero con una perspectiva de explorar exportaciones desde ahí, a la costa este de Estados Unidos, una oportunidad de desarrollo advertida por Carlos Slim Helú.

A ese desarrollo apuesta Liberty Networks, con base en Miami, cuyo origen tiene otros elementos interesantes.

La empresa es parte de Liberty Latin America, fundada por John C Malone, un nombre relevante para quienes disfrutan las carreras de Checo Pérez.

También fue Malone quien fundó Liberty Media, la empresa propietaria de la Fórmula 1 y de los derechos de sus transmisiones.

Liberty Networks tiene en la mira el crecimiento local de empresas globales como Accenture, una consultora global gigantesca que busca la contratación o importación de 2 mil individuos para proyectos de digitalización e inteligencia artificial.

Pero también está Preh, que genera software para Tesla; y empresas locales como Dacodes y la crecientemente tecnológica Palace Resorts.

Un grupo de directivos de compañías digitales y emprendedores se consolida en la región bajo una agrupación de nombre Dysrupción (con y de Yucatán) que de a poco rinde frutos como empresas del tipo de los presentados en el programa Shark’s Tank. Atentos todos a una compañía formada por miembros de la generación Z, que promete ser una revolución en procesos aduanales en la era del nearshoring. Ya les contaré.

Ésta y otras exigen más y más internet en el sureste. Ya les están pasando corriente.

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