Parteaguas

¿Qué salario le gusta a Carlos Slim?

En Europa propuso una jornada individual de 36 horas laborales; en México una de 48 horas.

Probablemente la mayoría de los mexicanos que trabajan descansa solo un día a la semana y hay una propuesta legislativa en marcha para aumentar esa prestación a dos días. ¿Qué opina Carlos Slim?

El fin de semana expuso que está bien que la gente siga trabajando seis días para que no pierda dinero. Ahora conviene analizar el contexto, dada la relevancia del personaje.

Esto dijo el empresario de 83 años, de acuerdo con medios que recogieron su opinión: “Yo creo que es mejor que las personas trabajen 48 horas y ganen más, a que trabajen 40 horas y ganen menos. Eso es muy importante para la población: tener mejor ingreso para el mayor poder adquisitivo”.

En esa declaración hay un anticipo implícito: si descansan más, pagaré menos. ¿Ya nos llevamos así?

Pero atención con lo que sigue, hace unas semanas los medios de España recogieron una cita del mismo empresario dada en Avilés, relacionada también con discusiones sobre la jornada semanal laboral en esa nación.

“Lo he dicho varias veces, es que debe de trabajarse tres días, doce horas diarias, tres días para dar cabida a otras tres personas que trabajen los otros tres días y jubilarse a los setenta y cinco años, no a los sesenta y cinco ni a los sesenta”.

En aquel continente propuso una jornada individual de 36 horas laborales; en México, una de 48 horas. ¿Cómo así?

Yo no estoy para abundar en detalles sobre un par de propuestas que me son ajenas, pero seguramente el contexto cuenta mucho.

Los españoles batallan con la falta de ocupación. Una de cada 10 personas no consigue una plaza; en México abundan y el problema actual es el de encontrar, digamos, suficientes meseros para tanto restaurante. Aquí, apenas tres de cada 100 carecen de empleo.

Esta mediática polémica marca Slim surge justo cuando en México, por otro carril y por ley, aumentarán los salarios. ¿Cómo están las cosas? Allá, el pago mínimo está ligeramente por arriba de mil euros por mes, o el equivalente a unos 20 mil pesos. En México se colocará en casi 7 mil 500 pesos mensuales en 2024, luego de un incremento anual de 20 por ciento.

Por lo bajos que están, sí. Aquí conviene trabajar tantos días como sea posible, so pena de caer en la pobreza. Allá resulta útil repartir el empleo entre más gente porque no hay suficiente para todos.

Quizás por ahí van las diferentes opiniones de Slim, pero pregúntenle a él, para verificar.

Lo más triste es la razón por la cual acá nos volvimos ‘centaveros’, vigilantes de cada peso que gasta una persona o una empresa que no quiere pagar más salarios.

Ni mexicanos ni españoles tienen empresarios dueños de grandes negocios de altos márgenes.

Por supuesto que acá hay multimillonarios propietarios de concesiones gubernamentales o de industrias ganadas durante generaciones previas. No es muy distinto lo que ocurre en la Madre Patria.

Pero ninguna de las dos naciones es dueña de un significativo número de patentes de medicinas o tecnología propia para nueva generación de energía; tampoco poseen el mayor conocimiento en avances de producción alimenticia; menos, de tecnología digital.

Esas son las Bayer; las Huawei; las Microsoft; las OpenAI o las Alphabet y todas derraman en sus ciudades y países. Por eso bailamos al ritmo de Estados Unidos, Alemania o China.

Acá hay que conformarnos con los salarios que paga la actividad de industrias viejas y menos rentables porque a decir verdad, tampoco nos preparamos para usar el “ingenio del mexicano” en mucho más que en albures.

Digamos, en crear software, o una industria de medicamentos oncológicos que cure el cáncer, o en tecnología espacial, o en el uso del hidrógeno que resuelva retos energéticos.

Si sabemos hacer más cosas, podemos cobrar más, pero ni empresas, ni gobierno ni empleados han puesto suficiente empeño en ese proceso. Hasta ahora, los que pagan la falta son los trabajadores, quienes apenas recuperan algo de terreno.

Ojalá que con los cambios que vienen, sus patrones no terminen pagándoles menos.

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