Parteaguas

Los mexicanos no pueden fabricar chips

¿Puede México competir en fabricación de chips? Puede, pero toma tiempo, como el que le llevó a Monterrey preparar ejércitos de ingenieros que la convirtieron en una potencia industrial.

Sería mucho más importante que la llegada de Tesla a Monterrey, pero no estamos listos. Recientemente, distintos medios divulgaron que vino al país una delegación de empresarios de Taiwán para analizar la conveniencia de invertir en México. A partir de eso, varios medios nacionales apuntaron al cielo: que los visitantes podrían construir una planta de chips en este país.

Curiosamente, dos meses después la Secretaría de Hacienda evalúa incentivos fiscales para la industria de electrónicos. ¿Ha llegado la hora de que México se sume a la economía más valiosa? ¿Los mexicanos fabricarán semiconductores? No es el caso.

Primero: ¿Por qué Taiwán, una pequeña isla remota se convirtió en el foco de un pleito entre China y Estados Unidos y por qué la mera presencia de gente de ese país en México supone la anticipación de un éxito? Porque el tamaño sí importa y es de 3 nanómetros.

Es el tamaño de estos nuevos chips ya existentes parecidos a un minúsculo y colorido CD, que serán integrados a los iPhone y a otros smartphones para que funcionen mejor en la era de la inteligencia artificial y gasten menos energía.

Ustedes podrían pasar por encima de 330 mil de ellos y apenas haber recorrido un metro. Los fabrican dos empresas, una coreana y una taiwanesa. Una es Samsung y otra es TSMC. Esta última ostenta más de la mitad del mercado de semiconductores del mundo.

El pequeño tamaño de los nuevos chips reduce su demanda de energía, la generación de calor y por pura distancia, acelera el procesamiento de datos, lo que los hace más eficientes. Cada nanómetro cuenta.

La carrera por hacerlos más chicos puede compararse con la de la llegada a la Luna o quizá, con la del armamento nuclear.

Controlar el mercado de los celulares no solo implica tener el negocio de venderlos, sino que se han convertido en centros comerciales a los que solo entran las aplicaciones que defina el fabricante.

Adicionalmente está el beneficio de los datos. Apple, Samsung y el resto conocen exactamente todo lo que les gusta a ustedes. Eso incluye sus vicios. Quien controla los smartphones controla la información de la gente. Su peso político es enorme.

Por eso surgen de todos lados rumores y a la postre algunos son validados.

Desde China surgió información el mes pasado en el sentido de que el recién presentado smartphone Mate 60 Pro de Huawei incorpora un chip fabricado por SMIC, ambas empresas chinas. Es muy posible que en la producción integre chips de 7 nanómetros de segunda generación, del tipo que en teoría, Estados Unidos quiere evitar que sean desarrollados en China.

Pero atención, que tienen más del doble del tamaño de los que generan TSMC y Samsung, por lo que SMIC aún tendría un largo camino por recorrer en términos de eficiencia.

¿Cómo encajaría México en una contienda global de este tipo? Sus empresas se enfocaron hasta ahora en producir partes para coches, una industria del siglo pasado.

Es un asunto de políticas públicas. En el pasado, Jalisco entrenó gente para trabajos tecnológicos, de ahí la llegada de IBM y la de Intel que sí diseña chips en ese estado.

Pero instalar fábricas de estos productos es otra cosa. Para entrar en serio a la producción, un país requiere generar o importar gente capacitada en una lista de habilidades: física de semiconductores; nanotecnología, que involucra el control de la materia a escala atómica y molecular; litografía ultravioleta extrema, un proceso utilizado para transferir patrones justamente a una oblea semiconductora de cinco o tres nanómetros; ciencia de materiales y metrología. De nuevo, incluso las variaciones más pequeñas pueden tener un gran impacto, por lo que las técnicas de medición precisas son esenciales.

¿Puede México competir en esa industria? Puede, pero toma tiempo, como el que le llevó a Monterrey preparar ejércitos de ingenieros que la convirtieron en una potencia industrial.

Un incentivo fiscal ayudaría, pero no sería capaz de definir una inversión de chips que además, puede costar hasta 20 mil millones de dólares. Eso es el doble de lo estimado para la fábrica de Tesla en Santa Catarina, a un ladito de la capital de Nuevo León.

Ojalá que una sorpresa me contradiga, pero los mexicanos no pueden fabricar chips, todavía.

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