Parteaguas

¿Regresa la maquila?

Los productos chinos pudieron entrar más baratos a los anaqueles del planeta porque enfrentaron menos impuestos en las aduanas con el ingreso de China a la OMC.

¿Se acuerdan de las humildes maquiladoras de ropa? Antes de los días de Vicente Fox en la presidencia, hubo un montón de plantas entre las que destacaban las de textiles y confecciones que dieron mucho trabajo a la gente del Bajío, incluso a la de la Ciudad de México. Al parecer, vienen de vuelta.

Primero, contexto. China llegó a la escena en 2001, cuando Estados Unidos cedió y esos asiáticos pudieron entrar a la Organización Mundial de Comercio como miembros. Esa membresía incluye una rebaja en aranceles en casi todas las naciones.

¿Qué significa eso? Que los productos chinos pudieron entrar más baratos a los anaqueles del planeta porque enfrentaron a partir de entonces menos impuestos en las aduanas de cada país.

Esa fue una de las razones por las cuales las tiendas y los supermercados se llenaron de etiquetas con la leyenda “Made in China”.

Para sacar a su gente de la pobreza, aquellos hicieron todo lo necesario, como ofrecer tierra, gente y dinero, para atraer la producción de casi todo. Fábricas de cerámica o mezclilla en México cerraron, salvo por algunas supervivientes.

Los mexicanos se enfocaron en electrónicos y en piezas para coches y aviones.

Pero China trascendió y el escenario actual parece haber volteado la tortilla. No exclusivamente por el cambio en su relación con Estados Unidos, en eso que llamamos nearshoring.

De acuerdo, sin duda pesa el pleito entre ambos por la supremacía del control tecnológico del mundo. Mismo que aleja a ambos países poco a poco, aunque sus líderes aparezcan abrazados para la foto.

Lo que conviene entender es que Asia de esta década no es la misma Asia del año 2000.

Anoten por ahí la interesante hipótesis de Marcelo López. Él fue secretario de Desarrollo de Querétaro y ahora es vicepresidente ejecutivo de El Gran Bajío, una agencia que se encarga de conectar clientes de manufactura con gente interesada en invertir en fábricas o dueños de éstas.

Sucede que hoy existen 4 mil millones de personas con poder adquisitivo mucho mayor en términos reales que el que tenían hace 20 años. Habitan eso que en la primaria llamábamos el continente “Euro-asiático-africano”.

Qatar (o Catar), Arabia, Francia, Alemania, China, Japón, Corea, Turquía, India, son algunos países que conforman esa región y China allá lleva ventaja. Más, ahora que ha comprometido a varias de esas naciones a través de inversiones que hizo en carreteras, puertos y aeropuertos. De acuerdo con BP, Asia es la única región del mundo que sigue aumentando su consumo de energía.

Las fábricas chinas se llenaron de pedidos de esa región hasta agotar su capacidad, lo que restó relevancia a las ventas que hacen a estadounidenses. Claro, no es que los chinos quieran salir de ese mercado, pero ahora no necesitan cruzar océanos y meterse en el lío de logística que eso representa, si tienen a mano un mercado enorme.

Este asunto de la relocalización de fábricas del que se habla mucho, parece acelerar un proceso que iba a darse de todas formas ahora que los chinos ya están preparados para fabricar sus propios productos con su propia tecnología, bajo sus propias marcas.

Fue en el marco del “Mexico’s Supply Chain Nearshoring Summit”, organizado por Sergio Ornelas, de Mexico Now, en Querétaro esta semana, en donde surgió esta válida hipótesis: que la creciente inversión en manufactura nacional no la aplican solamente para “trasladar” manufactura de China a México, sino porque este país puede volver a surtir cosas básicas que venían de esa nación asiática: ropa, cerámica, ventiladores, chapas, mesas. Retail, pues.

Eso tiene una parte positiva. De los retos hablaremos luego.

COLUMNAS ANTERIORES

Estamos superbien
El ‘chavo’ que Musk no puede comprar

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.