Parteaguas

¿Y los emprendedores de la UNAM?

Urge que los rectores de la UNAM, de la UANL, el IPN o la UAM revisen sus estrategias. Algo falla a la hora de brindar a sus graduados una ruta al financiamiento de grandes proyectos.

Hay un club pequeñito de gente mexicana dedicada a conseguir dinero de inversionistas, para ponerlo en manos de gente que crea empresas tecnológicas.

Algunos de los miembros explican que la mayoría de los ricos mexicanos no quieren invertir en el país. Para colmo, quienes administran toneladas de dinero de las Afore difícilmente ponen algo para financiar emprendimientos, aunque lo tengan permitido. Prefieren evitar la fatiga.

Consecuentemente, los miembros de ese club del venture capital nacional deben salir a buscar capital externo.

Por eso, indirectamente, mujeres hábiles, hombres astutos, dependen crecientemente del dinero extranjero para producir empresas hechas en México.

Dejen de lado el petróleo por un momento, esa riqueza que produce el talento nacional y las empresas que empiezan a generar en la era digital, lo financian inversionistas que vienen de fuera, que habrán de quedarse con buena parte de las ganancias.

Un asunto adicional: hay un cuello de botella, pues ese ambiente hasta ahora parece limitado a egresados de universidades privadas o de otros países. Difícilmente, alguien de la UNAM, de la UANL o de otra universidad pública ha brillado en ese club del venture capital o capital de riesgo. Y eso tiene que ver con lazos de confianza.

Pablo González y Daniel Vogel tienen el gran mérito de haber creado una plataforma nacional eficiente para comprar y vender criptomonedas. Bitso es su empresa.

En mayo, ellos y su equipo recibieron 250 millones de dólares en una tercera ronda de inversiones para hacer crecer la compañía valuada en ese momento en 2 mil 200 millones de dólares. Ya es un unicornio.

El dinero vino de fondos como Tiger Global Management y Coatue, basados en Nueva York, y del californiano Paradigm.

González, egresado en artes en la canadiense Emily Carr, y Vogel, ingeniero en ciencias computacionales por Stanford, son dueños de un enorme talento y encararon seguramente grandes dificultades para obtener credibilidad.

Pero en su favor contaban al menos con credenciales y relaciones necesarias para cumplir requisitos no escritos en muchas transacciones relevantes del negocio del capital de riesgo: son graduados de universidades extranjeras en donde formaron importantes conexiones sociales.

Según Harvard Business Review (HBR) (https://bit.ly/3iVrFSl), los administradores de recursos para invertir en este tipo de empresas se ayudan de tres vías para dar con proyectos atractivos: colegas del ambiente del venture capital; otros inversionistas y contactos entre los mismos emprendedores del ecosistema.

Una encuesta de esa publicación revela que esos tres caminos llevan en 88 por ciento de los casos a la oportunidad de una reunión entre emprendedores e inversionistas (digamos que algo parecido a Shark Tank). Solamente 10 por ciento de los proyectos consiguen atención mandando un Power Point vía mail.

Seguramente existen ideas relevantes procedentes de egresados de universidades públicas mexicanas. ¿Pero qué tanta oportunidad tienen de obtener capital de riesgo?

Pueden tratar de acceder a fondos mexicanos mandando un correo electrónico a Dila Capital, ALLVP, Ignia o Ideas & Capital, que dependen a su vez de convencer a inversionistas extranjeros ante la escasez de connacionales millonarios que gusten de este ambiente. Eso complica el rompimiento de las inercias.

Antonio Peláez Díaz y Gerry Giacoman Colyer son dos brillantes emprendedores que encabezan Dapp y Clara, respectivamente.

La primera encontró el modo de conectar a compradores con comercios usando el smartphone en lugar de una tarjeta, lo que abarata costos para todos los involucrados, bancos incluidos, y la segunda es una empresa digital con el propósito de dar financiamiento eficiente de corto plazo a pequeñas empresas y startups.

Ambas ya obtuvieron capital y buscan más en el agitado ambiente del venture capital en México. Como los fundadores de Bitso, parecen tener las credenciales necesarias.

Urge que los rectores de la UNAM, de la UANL, el IPN o la UAM revisen sus estrategias. Algo falla a la hora de brindar a sus graduados una ruta al financiamiento de grandes proyectos.

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.


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