Parteaguas

¿Llegan a tiempo las reformas de AMLO?

El presidente divulga en público su aspiración a que el petróleo se quede en casa, en casa sea convertido a gasolina y finalmente sea vendido barato a los mexicanos.

Todos los aparatos que tienen alrededor dependen hoy del petróleo. Todos quienes pretendan un ingreso legal, necesitan un trabajo.

El presidente consiguió que esta misma semana se movieran las reglas de ambos juegos en el que todos participan.

En síntesis, el presidente Andrés Manuel López Obrador divulga en público su aspiración a que el petróleo se quede en casa, en casa sea convertido a gasolina y finalmente sea vendido barato a los mexicanos. De ser posible, que todo lo haga Pemex. En lo referente al trabajo, con la ley que cambia las relaciones de outsourcing, la idea que propone es que quienes ofrecen una plaza laboral respeten las prestaciones y la antigüedad de sus trabajadores y no incurran en esas tóxicas relaciones que obligan al empleado a ir de vez en vez a la oficina de Recursos Humanos a renovar su relación.

Ambas intenciones pueden defenderse. Pero sus posibles beneficios parecen topar con el destino del mundo.

Fue el año 2019 el que marcó un récord de la humanidad en el consumo del petróleo, de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía y con la inglesa BP.

La demanda comenzaba a estancarse por la existencia de coches cada vez más eficientes y menos contaminantes. ¿Alguien puede mencionar todavía un Sedán familiar de ocho cilindros?

Toyota por ejemplo, se encontró este año con que tres de cada 10 coches que vende a los mexicanos, son híbridos.

Luego vino la pandemia que encerró a casi todos y derribó el consumo de gasolina, lo que se sumó a la creciente costumbre de ‘tomar un Uber’, en lugar de comprar un coche.

Menos coches y mayor eficiencia en los que circulan por las calles del planeta, tienen como resultado una caída en el consumo de petróleo. A menores ventas, menos ganancias.

Para evitar de entrada la polémica nacional, tomen las de Exxon como ejemplo. Utilidad neta 2010, 2011 y 2012: 30 mil; 41 mil y 37 mil millones de dólares respectivamente. Utilidad neta de 2018 y 2019: 21 mil y 10 mil millones de dólares, respectivamente. ¿Cómo le fue en 2020? Enfrentó una pérdida mil 400 millones de dólares.

Para la texana que hoy dirige Darren Woods no hay registros previos de números rojos en ese indicador, al menos desde 1980 que registra Bloomberg.

Sucede que en otros países, legisladores ya discuten sobre el calentamiento global y las compañías vendedoras de coches están ocupadas en reducir sus emisiones para que no las castiguen. Eso es malo para el negocio original de Exxon, pero le reveló una joya que resume en las siglas CCS o Carbon Capture and Storage.

La nueva actividad de Exxon se centra justamente en capturar el bióxido de carbono que emiten las fábricas o las plantas generadoras de electricidad, lo introduce al subsuelo y finalmente sella esos residuos para siempre.

Es la líder mundial en ese negocio creciente ante los impuestos que establecen países de economías grandes contra las empresas que contaminan. Conforme avanzan esas normas que además premian con ahorros fiscales a quien paga estos servicios, analistas estiman que el mercado pueda sumar 2 billones (trillions) de dólares hacia 2040. Eso multiplica más de 10 veces las ventas que tuvo Exxon en 2020, una compañía que ya tiene la capacidad para almacenar un volumen equivalente al carbono que generan todos los coches que circulan en la Ciudad de México.

Luego está el asunto del outsourcing. Si bien la nueva ley persigue beneficios para los trabajadores, no parece resolver la situación de quienes trabajan incluso en plataformas como Uber. Es la gig economy en torno a la cual hay discusiones que acumulan al menos cinco años precisamente por el ejército de freelancers que crece en todo el mundo.

La nueva ley podría luchar contra esta tendencia que perdería su razón al dar prestaciones a los trabajadores con los que se vinculan, al punto de cancelar esas actividades.

Los países avanzados legislan de manera constante en afán de actualizar sus sistemas y proteger a la gente sin detener la nueva economía, pero a decir de lo aprobado, en México las leyes sobre hidrocarburos y la llamada outsourcing responden a realidades pasadas, no a la exigencia de la actualidad que borró fronteras geográficas en los negocios. De la gig economy hay mucho que decir aquí.

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.

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