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¿Y ahora qué?

10/03/2020

De nueva cuenta estamos en territorio sin cartografía. Los cisnes negros terminan otra vez definiendo el panorama global, desechando las previsiones anuales de organismos multilaterales, gobiernos y analistas privados. El fin de semana pasado, el deterioro percibido de los riesgos económicos ligados al brote de Covid-19 y la guerra de precios en el mercado petrolero fueron catalizadores de agudas pérdidas en los mercados financieros internacionales. Los mercados en México no estuvieron exentos de pérdidas. Tal como ha ocurrido en el pasado, los periodos de alta volatilidad financiera suelen detonar una serie de respuestas de política a nivel local y global. A continuación exploro tres opciones de apoyo de política económica a nivel local y su alcance percibido.

Primero, vale la pena preguntarnos si existe margen para introducir un apoyo a la economía por la vía fiscal. En este ámbito no soy muy optimista. El año fiscal comenzó con lo que considero es una sobreestimación de los ingresos públicos explicado por supuestos macroeconómicos demasiado optimistas -aún antes de presentarse los nuevos riesgos recesivos a nivel local. Así, la opción de expandir el gasto público podría ser inviable si la intención es cumplir de nueva cuenta con el objetivo de superávit fiscal (0.7% para el año corriente).

La semana pasada, la Secretaría de Hacienda refirió la posibilidad de acelerar el gasto público ya programado para el presente año. Considero que la efectividad de esta medida depende de la capacidad administrativa para ejecutar dicho gasto y el nivel de impacto económico ligado a su ejercicio. Aquí conviene recordar que usualmente el multiplicador fiscal en México es muy reducido y sus beneficios económicos toman su tiempo en materializarse (quizás entre tres y cinco trimestres).

Segundo, el Plan de Infraestructura 2020-2024 y su calendario de ejecución podría ser clave en la intención de contrarrestar las fuerzas de desaceleración económica que se gestan desde fuera de las fronteras de México, así como también las internas. Para lo anterior, necesitaríamos conocer el resto del Plan. De éste destacaría la posibilidad de que la inversión privada pudiera tener la oportunidad de participar en el Sector Energético de manera más comprometida.

Justo el día de ayer el Presidente López Obrador refería a la reunión del Gabinete de energía con el fin de ubicar y estructurar las posibles oportunidades de inversión en el sector energético. En este punto, considero poco probable que esquemas como los de farmouts vuelvan a la mesa de posibilidades y por ende veo un alcance de modesto a moderado en cuanto al efecto de la inversión privada en la economía.

Tercero, la política monetaria parece tener un mayor margen de maniobra basado en el tamaño del diferencial entre las tasas de interés locales y externas. Se podría pensar que los riesgos inflacionarios implícitos en la aguda depreciación observada del peso mexicano frente al dólar podrían limitar el espacio para inducir una política monetaria acomodaticia. Sin embargo, tengo la impresión de que las condiciones actuales son congruentes con un balance de riesgos que apuntan a una menor inflación respecto a lo proyectado antes del pasado fin de semana.

A diferencia de otras ocasiones donde una aguda depreciación hubo detonado alzas en la tasa de interés de referencia por parte de Banxico, actualmente la brecha de producto es profundamente negativa, la inflación se encuentra dentro del intervalo de variabilidad fijado por Banxico y las expectativas de mediano y largo plazo también se encuentran circunscritas en tal rango.

El contexto arriba planteado me hace pensar que el potencial de traspaso de la debilidad cambiaria a una más acelerada inflación podría ser más limitada que las posibles presiones a la baja asociadas con una caída en los precios de las materias primas a nivel global y un esperado menor ritmo de actividad económica.

Tomando en cuenta lo anterior, considero que el espacio para atajar los riesgos recesivos actuales se encuentra concentrado en el potencial para que Banxico recorte sus tasas en magnitud más ambiciosa y con una mayor profundidad. En cuanto a otros esfuerzos contra-cíclicos, veo su potencial como más limitado. En la siguiente entrega hablaremos del margen de acción de las autoridades financieras para garantizar el ordenado funcionamiento de los mercados financieros locales.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.