Una tarifa, cinco reacciones
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Una tarifa, cinco reacciones

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Una tarifa, cinco reacciones

04/06/2019

¡Dorothy, ya no estamos más en Kansas! Un tweet disruptivo bastó para ubicarnos en territorio sin cartografía. La amenaza unilateral de un esquema tarifario escalonado está aquí y a la cuenta regresiva para su implementación le quedan solo seis días. Considero ocioso seguir cuestionando el porqué de la sorpresiva amenaza (que surge casi en paralelo con el deseo de acelerar la aprobación del T-MEC en ambos lados del Río Bravo) o el cómo es que no se recapacita en la naturaleza contraproducente de la introducción de tarifas entre dos naciones donde la línea de producción no sabe de fronteras. Opto por saltarme las fases de negación, ira, negociación y depresión y aterrizo en las realidades de la etapa de aceptación y sus características. A continuación, cinco reacciones.

Primero. Las amenazas tarifarias no son nuevas, y menos en el reciente contexto de renegociación del TLC de Norteamérica. Lo que es nuevo es el uso de las amenazas proteccionistas en un contexto distinto al comercial. De lo anterior se sigue que al conjunto de posibles escenarios adversos en las relaciones bilaterales se le añade los riesgos de represalias o presiones comerciales con independencia de los objetivos o motivos de la fricción entre países.

Segundo. El sentido común no cabe aquí. Considero que cometeríamos un error al sobre-analizar los motivos de la amenaza tarifaria. Desde luego que creo que podría hallar una lógica político-electoral y quizás hasta un valor como mecanismo de presión negociadora en el contexto del proceso de aprobación del T-MEC (de complicarse las cosas en el Congreso de EUA). Sin embargo, creo que la lógica anterior emerge de manera ex post. La motivación original parece ser solo visceral.

Tercero. La medida luce como un balazo en el pie por parte de las autoridades en EUA. El daño potencial de la implementación de un esquema tarifario sobre todos los productos importados de EUA no es exclusivo del sur de la frontera entre México y EUA. Como ya mencioné, la cadena de valor en el intercambio comercial en Norteamérica no sabe de fronteras. Así, considero que existe una probabilidad muy alta de que la amenaza pueda mutar desde la consideración de todos los productos mexicanos, hacia aquellos que por su origen y proceso guarden una menor liga económica con los productores estadounidenses.

Cuarto. Creo que el proceso de aprobación del TLC 2.0 quedaría congelado de implementarse el esquema tarifario que nos ocupa. El riesgo es que tal congelamiento haga inviable que el tratado sea aprobado antes de septiembre. De no ser este el caso, el proceso se mezclaría con el proceso de negociación presupuestaria en EUA y sería también aderezado por los tiempos electorales en ciernes, lo cual haría de la aprobación del TLC 2.0 este mismo año un evento de baja probabilidad.

Cinco. No creo que las autoridades en México comiencen de cero en el diseño de posibles represalias ante la medida del Gobierno estadounidense. Hace menos de un mes, en el contexto de la negociación para retirar los aranceles sobre el acero y aluminio, las autoridades locales se declaraban en análisis para la conformación de un paquete de tarifas con dos guías centrales en su diseño, sus esferas políticas y económicas.

En este caso, pienso que un paquete de respuesta del gobierno mexicano podría estar compuesto de bienes importados de EUA con liga directa a las bases de apoyo político del Gobierno en EUA bajo la restricción de considerar solo aquellos bienes con alto grado de sustitución para el consumidor mexicano.

La cuenta regresiva avanza y creo que la probabilidad de que veamos pospuesta la implementación del esquema tarifario es alta. Sin embargo, aún en el mejor de los escenarios, veo muy difícil que se logre tal acuerdo que borre del mapa de posibilidades la posible materialización de la amenaza en cualquier punto del tiempo. Tendremos que aprender a vivir con otro elemento más de incertidumbre .

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.