Tres recurrencias en el crecimiento económico sexenal
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Tres recurrencias en el crecimiento económico sexenal

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Tres recurrencias en el crecimiento económico sexenal

21/01/2020
Actualización 21/01/2020 - 11:23

Todo parece apuntar a que el crecimiento económico durante 2019 habría sido inferior a cero por ciento. Las cifras de actividad correspondientes al cuarto trimestre de ese año que han sido publicadas hasta ahora no sugieren un repunte económico. Así, se podría suponer que el presente año no habría iniciado con una inercia de recuperación, aunque sí con una base de comparación anual favorable a mejores cifras de avance (carry estadístico). En este contexto, mi intención sería abordar tres argumentaciones sobre el desempeño económico reciente que podrían necesitar de una mayor reflexión o clarificación.

Primero, se dice que el primer año de una administración suele ser de arranque lento, especialmente en temas de gasto e inversión pública. Lo anterior encuentra sustento en la evidencia histórica, al menos para los anteriores tres gobiernos.

Un inicio lento podría deberse tanto al natural proceso de relevo administrativo, adaptación de los nuevos mandos en las distintas dependencias, revisión o cautela en la renovación de contratos o proveedurías e incertidumbre. Esta última podría ser especialmente relevante no solo para los proveedores del gobierno sino para los agentes económicos que transitan un cambio de administración con cautela.

El 2019 fue uno de estos años de lento inicio. Sin embargo, de confirmarse un avance cercano a cero, el año pasado sería el año de cambio de administración con el más lento desempeño económico desde la 'crisis del tequila de 1995'.

Segundo, la historia parece ser distinta para el segundo año de gobierno. Se suele presentar una recuperación o avance mayor en la actividad económica. Esto podría deberse no solo a la superación del letargo administrativo, sino también a un ambiente de reglas más claras o hasta al inicio de la ejecución de un plan de infraestructura con participación tanto pública como privada.

Tal repunte en el segundo año se ha presentado en dos de las tres anteriores administraciones, aún controlando por la influencia externa (por ejemplo, desempeño manufacturero en EUA). Este podría ser el caso de 2020, para el cual el consenso de analistas anticipa un avance cercano a 1 por ciento (0.6 por ciento en mi caso). No obstante, de materializarse esta expectativa, el crecimiento acumulado durante los primeros dos años de la actual administración sería el menor en al menos tres administraciones.

Tercero, el arranque de la administración no suele determinar el ritmo de crecimiento de mediano plazo. En última instancia, el avance económico promedio en el mediano plazo suele estar ligado al sendero potencial de la economía y no al tipo de avance del primer año de gobierno.

En el caso de México, y para distintas muestras, en las últimas dos décadas el crecimiento del PIB ha fluctuado muy cerca del 2.5 por ciento. Tal ritmo de avance de mediano plazo no solo nos habla de una fuerte liga con la economía norteamericana y su ritmo promedio de crecimiento de entre dos y tres por ciento, sino también de varios determinantes locales que no han sido impactados por un choque o reforma con efectos duraderos.

Al cierre del presente mes tendremos la publicación de las cifras oportunas del PIB del cuarto trimestre del año pasado y un mes después las finales. Estas últimas incluirían potenciales revisiones a la historia reciente. Así, no perdamos de vista estos datos y la posible confirmación paulatina de lo arriba expuesto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.