Sobre la necesidad de actuar hoy
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Sobre la necesidad de actuar hoy

21/04/2020
Actualización 21/04/2020 - 12:47

Cuestionados ante la timidez de los esfuerzos gubernamentales para contrarrestar los eventuales efectos económicos adversos asociados a las medidas frente a la pandemia, las autoridades parecen coincidir en que lo que no se desea es precipitarse. Se habla de que por lo pronto basta con el plan A y se advierte que hay plan B y C. Por lo pronto, el plan A es complicado de desmenuzar. Cuesta diferenciar lo realmente nuevo de lo preestablecido en materia de créditos, transferencias y programas de generación de empleo. Sin embargo, lo que aquí nos ocupa es al menos tres reflexiones sobre la estrategia de esperar antes que explorar o reforzar las políticas que podrían atemperar los efectos recesivos que se extenderán más allá de la cuarentena.

Primero, conviene definir lo que se entiende por un choque temporal. Es cierto, la pandemia y sus medidas de contención de principio parecen ser temporales. La evidencia global, a distintos ritmos y tiempos, señala que el aplanamiento de la curva de contagio parece tener ya a algunos países más ocupados en planear el fin del encierro y pausa económica.

No obstante, en materia de política económica, sería importante reconocer que la necesidad de apoyar a la población y sectores económicos más vulnerables no terminaría con el fin del encierro (medidas de distanciamiento social). Al otro lado del marco de la puerta, y a unos cuantas semanas o meses de distancia, aguarda la recesión global y local. De guiarnos por la experiencia histórica, podríamos al menos suponer que dicha fase podría prolongarse de tres a cinco trimestres, la incertidumbre sobre lo anterior es muy elevada.

Segundo, la política económica actúa con rezago. El momento que sendos esfuerzos en materia fiscal o monetaria son implementados, y aquel cuando sus efectos se hacen notar en los mercados laborales y actividades productivas, no ocurren simultáneamente. Análisis propios, basados en estudios de impulso-respuesta, ubican un rezago en el gasto público y un potencial efecto favorable en la economía de alrededor de cuatro a cinco trimestres. En cuanto a la política monetaria, el rezago suele ser de entre cuatro y seis trimestres.

De lo anterior se deriva que a cada momento en el que una política contracíclica no es implementada a pasos acelerados, el periodo sobre el que se esperan resultados es empujado cada vez más hacia el futuro. Desde luego, no descarto que existan políticas que por diseño e implementación quirúrgica puedan tener un efecto más expedito, simplemente no son obvias de ejemplificar. De lo anterior concluyo que en escenarios tan radicales como el presente, convendría aspirar a quedar sobrados en esfuerzos.

Tercero. Podría confiarse en que la recuperación económica podría ser detonada por el exterior. Una favorable respuesta del ciclo económico exterior a los ambiciosos programas de apoyo fiscal en el mundo desarrollado (de dos dígitos como proporción del PIB) podrían terminar jalando al ciclo económico local. Lo anterior ha ocurrido en algunos episodios recesivos del pasado. Sin embargo, dada la magnitud del choque global, lo anterior resultaría una estrategia osada. A juzgar por las primeras cifras económicas y de empleo en EU, el reto tiene dimensiones históricas. Lo anterior se agudiza al reconocer que herramientas tales como la política monetaria en su versión ortodoxa parecen agotadas.

De los tres puntos anteriores concluyo que en la presente coyuntura, y en territorio sin cartografía, parece convenir el contar con el mayor número de herramientas y potencializar su magnitud a un punto sin precedentes. El objetivo hoy es atemperar lo más posible el tamaño de la recesión que nos aguarda allá afuera.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.