¿Reapertura es reactivación?
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¿Reapertura es reactivación?

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¿Reapertura es reactivación?

19/05/2020
Actualización 19/05/2020 - 13:36

Esta semana dio comienzo la primera etapa en la estrategia de reapertura en México. Por lo pronto se propone la reapertura de 324 municipalidades para después escalar a una reapertura gradual y regional a partir del 1 de junio. No parece haber reglas escritas en la estrategia de reapertura, ni en los protocolos para dar vuelta atrás en caso de nuevo repunte regional o nacional en contagios. La naturaleza voluntaria de la estrategia nacional y la falta de granularidad en algunas mediciones sobre la pandemia podrían restar efectividad al mecanismo de semáforo que regiría la reapertura estatal. No obstante, aun suponiendo una efectiva y eficiente reapertura, creo que hay al menos cuatro factores a tomar en cuenta para entender que reapertura y reactivación económica no necesariamente son potentes sinónimos.

Primero, el daño está hecho. Se ha destruido empleo formal e informal durante los meses de encierro y menos entidades generadoras de empleo reabrirán sus puertas. Así, la apertura estaría caracterizada por un menor nivel promedio de ingreso disponible, lo cual haría suponer que las canastas promedio de consumo se habrían encogido durante el encierro y así encontrarían el contexto de reapertura.

Segundo, aún sin suponer un daño al ingreso disponible, no sería nada aventurado suponer que la cautela característica de familias y empresas habría llevado a un choque adverso en la propensión a consumir. Es en entornos económicos como el presente, que los individuos y empresas podrían preferir el resguardo precautorio de recursos. Este factor afectaría a la economía a través de una lógica de profecía autocumplida, donde la menor disposición a gastar, ante un entorno que se percibiría adverso, catalizaría o alimentaría de regreso a la economía en la forma de debilidad económica.

Tercero, el difícil entorno económico actual y la perspectiva de lenta recuperación (que ya se refleja en el consenso de pronósticos 2020-2021), no parecería ser el contexto propicio para observar una aceleración en la inversión privada. Por el contrario, el tamaño de los números que abundan en las expectativas económicas de organismos, empresariado y consensos de analistas no parecen ser aquellos que facilitan la obtención de una tasa positiva de retorno de corto o mediano plazo en un análisis de proyecto. Similar al punto número uno y dos, la inversión sería afectada tanto en su monto como en su propensión.

Cuarto, en contraste con otros episodios recesivos en México, esta vez no se cuenta con un entorno externo favorable o al menos no tan deteriorado. En el pasado, por ejemplo en 1995, la demanda externa fue capaz de absorber el choque favorable en la competitividad exportadora de México tras la aguda depreciación nominal del tipo de cambio entre finales de 1994 y principios de 1995. Así, una de las salidas de tal recesión fue la exportación. Esta vez el choque económico es global y tanto la demanda externa como la interna sufren del mismo mal.

Tomando en cuenta lo anterior, habrá que estar preparado para que los efectos de una reapertura económica no sean drásticos sino más bien graduales, quizás hasta exasperantemente lentos. La economía no hizo pausa en los últimos tres meses, se desplomó por inactividad. Por esto mismo, la reapertura la encuentra en un punto inferior a donde estaba en febrero y la pone de frente a un quizá “largo y sinuoso camino”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.