Presupuesto 2020: “Es lo mismo, pero no es igual”
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Presupuesto 2020: “Es lo mismo, pero no es igual”

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Presupuesto 2020: “Es lo mismo, pero no es igual”

10/09/2019
Actualización 10/09/2019 - 10:29

La propuesta de Presupuesto ya está en manos del Congreso. Los participantes en los mercados no parecen haber reaccionado significativamente tras conocer su contenido. Lo anterior podría tener varias lecturas. Sin embargo, esta columna optó por obviar la descripción estricta del nuevo Presupuesto y ofrecer un enfoque complementario. En particular, me gustaría centrarme en cuatro elementos. Dos de ellos que por sus características nos recuerdan a los presupuestos de otras administraciones y dos que parecen ser nuevos.

En el primer grupo encontramos la naturaleza de la miscelánea fiscal que acompaña al Presupuesto 2020 y el reducido margen de maniobra en el gasto.

En el caso de la miscelánea, la actual administración busca impulsar la recaudación a través de herramientas administrativas y jurídicas. En general, estas medidas vuelven a recaer fundamentalmente en la misma base de recaudación o al menos no es evidente su potencial para captar, por ejemplo a los informales. Como en otros casos, algunas alternativas obvias serían cambios al impuesto al IVA, el cual pagamos todos de una u otra forma al consumir productos y servicios en establecimientos formales. Sin embargo, y similar a otros casos, se apuesta por recaudar más, no necesariamente por ampliar la base gravable.

También de manera similar a otras administraciones, el margen de maniobra en el gasto es limitado. Podría por ejemplo decirse que cerca del 80 por ciento de los rubros de gasto tienen un alto grado de rigidez, es decir, no pueden ser cancelados ni sustituidos. Es el restante 20 por ciento el que podría guardar cierta flexibilidad en casos de contingencias. Recordemos por ejemplo aquel experimento planteado durante la anterior administración, el ejercicio Presupuesto Base Cero (2016). Dicho principio pretendía partir de un “borrón y cuenta nueva” en la búsqueda de una compresión del gasto que permitiera contener el déficit público y estabilizar el patrón de crecimiento de la deuda. Al final no fue posible el replanteamiento de la estructura de gasto y terminó en recortes a rubros con mayor flexibilidad, como el de gasto en capital.

En contraste, en el segundo grupo, hay al menos dos elementos en el Presupuesto o alrededor de él que parecen innovadores. En un primer caso subrayo el cambio en la naturaleza del riesgo fiscal. Hasta hace apenas unos meses, era claro que uno de los principales temores fiscales era la tentación de 'quitarle la correa' al gasto con el afán de cumplir con todos los programas sociales y proyectos de infraestructura prometidos en campaña. Así, se pensaba que el principal riesgo sería una vez más la falta de cumplimiento de las metas de déficit público. Ahora sabemos que la nueva administración, ante los riesgos y posterior caída de los ingresos públicos optó por restringir significativamente el gasto público. Con lo anterior se sigue buscando garantizar el cumplimiento de la meta de superávit primario para este año de 1 por ciento (objetivo que desde su planeamiento se antojaba ambicioso) aunque con un efecto colateral adverso: una política fiscal restrictiva.

El segundo elemento de contraste lo identifico en lo que luce como una sobreestimación de ingresos públicos para el año 2020. En particular, tales ingresos se han calculado bajo un supuesto de crecimiento económico de casi el doble de lo pronosticado por el consenso de analistas y de repunte en producción petrolera que también luce optimista. Así, el riesgo es que los ingresos públicos no resulten suficientes para cumplir con lo proyectado. Este sin duda es un cambio, luego de que anteriores administraciones fueron asociadas con una subestimación de los ingresos, lo cual les permitía tener cierto grado de discrecionalidad durante el ejercicio fiscal respectivo.

Así, en general, me quedo con un primer vistazo al Proyecto Fiscal 2020 donde parece haber un poco de lo mismo, pero sin duda no es igual.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.