Entorno Económico

Las raíces de la incertidumbre

La incertidumbre acerca del devenir de la pandemia ligada a los esfuerzos de vacunación y en reconocimiento de los retos para alcanzar niveles de inmunidad de rebaño, habla por sí sola.

Los temas y ámbitos son diversos y los grados de incertidumbre ligados a los diversos escenarios son excepcionalmente amplios. Así, hoy en día hablar de pronósticos puntuales de crecimiento económico tiene que ser una labor de cautela. Para muestra basta subrayar que el pronóstico del consenso de analistas (Encuesta Citibanamex) anticipa un crecimiento de 3.6 por ciento en 2021, con una dispersión asociada de 1 por ciento. Esta última dispersión refleja casi el mismo grado de incertidumbre que la proyección de 2020 a mayo, a dos meses del encierro inicial y ante la debacle económica y la ausencia de medidas fiscales contracíclicas. ¿Qué es lo que nos hace dudar a los economistas? ¿Cómo es que coexisten proyecciones de crecimiento para 2021 tan altas como 5.6 por ciento y tan bajas como 1.5 por ciento? Me atrevo a pensar que hay al menos cuatro conjuntos de razones.

Primero, y de manera general, la incertidumbre acerca del devenir de la pandemia ligada a los esfuerzos de vacunación y en reconocimiento de los retos para alcanzar niveles de inmunidad de rebaño, habla por sí sola. Tal como en 2020, los economistas nos vemos forzados a proyectar la trayectoria de la economía en ausencia de comparativos históricos o anclas analíticas representativas. Adicionalmente, la pandemia sigue siendo una realidad, el choque económico continúa en evolución.

Segundo, las economías externas, sobre todo las más relevantes para México, se han concentrado en limitar la destrucción de unidades económicas y en construir redes de protección para los individuos y hogares más vulnerables, por ende, de limitar la erosión de la capacidad de crecimiento de mediano y largo plazos.

Los esfuerzos de política no han cesado y algunos de los pasados todavía tienen que mostrar sus efectos rezagados. No obstante, a la incertidumbre usual asociada a la efectividad de las política fiscal y monetaria alrededor del mundo, tendríamos que tomar en cuenta la actual coyuntura recesiva y la naturaleza de su catalizador (la pandemia) y reconocer que los mecanismos de transmisión de tales políticas económicas podrían no operar de acuerdo con lo acostumbrado. De esta forma, es también amplia la incertidumbre alrededor del avance económico externo en 2021 y sus efectos directos e indirectos en México.

Tercero, la economía local continúa experimentando el mismo choque adverso (Covid-19) pero magnificado por las condiciones demográficas, logísticas, sectoriales (sector salud). Por un lado, podría apostarse a que el aumento de movilidad (ligado a la mayor confianza ante el inicio del periodo de vacunación o al mismo cansancio social) podría reflejarse en una más robusta dinámica de recuperación económica. En contraste, el debilitamiento del marco institucional y legal podría seguir desgastando al clima de inversión y restando puntos de avance económico.

Cuarto, la ausencia de política fiscal contracíclica y la falta de visibilidad de los efectos de los apoyos sociales existentes suman a los riesgos a la baja sobre el avance económico. En contraste, el efecto de la relajación en la política monetaria local, aunque rezagado e incierto, podría hacernos sumar algunas décimas al crecimiento económico futuro. Estamos hablando aquí de la incertidumbre que rodea a la implementación, efectos y rezago en efectividad de la política económica a nivel local.

Me quedo con cuatro ideas. El choque económico adverso continúa en evolución. La naturaleza de la recesión sigue siendo excepcional y con muy limitadas aristas de comparativo histórico. Los espacios de política económica ya eran estrechos y hoy operan fuera de sus límites convencionales. Por último, los factores idiosincráticos o locales también juegan un papel central.

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