La reapertura que no fue
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

La reapertura que no fue

COMPARTIR

···
menu-trigger

La reapertura que no fue

02/06/2020
Actualización 02/06/2020 - 12:45

Llegó el 1 de junio y la fase de reapertura o salida al 'nuevo normal' dio inicio en la fecha programada. Sin embargo, las condiciones fueron muy distintas a lo planeado. El pasado 12 de mayo, cuando la estrategia fue presentada, el semáforo sugería que 11 estados regresarían a la actividad sin restricciones, cuatro con restricciones menores en espacios públicos, cuatro a una escala reducida y con restricciones y sólo 11 estados no darían paso a la reapertura gradual. Lo anterior significaba que 35 por ciento de la representatividad económica estatal regresaría esta semana a la actividad, con otro 20 por ciento con cierta parcialidad. Las cosas no fueron así.

El pasado 29 de mayo, el semáforo nacional exhibió a todos los estados de la República en color rojo, con excepción de uno. Entonces, ¿cuál fue el sentido de iniciar una nueva fase esta misma semana? La postura oficial, según entiendo, se inclinó por argumentar que en este punto hay una clara focalización y asincronía de las pandemias, por lo que competería el pasar a una estrategia regional.

En el estricto sentido económico, imagino que la lógica de iniciar el regreso a la “nueva normalidad” aún con el semáforo en rojo aterriza en la esperanza de que los sectores recientemente reclasificados como esenciales (automotor, minería y construcción) puedan catalizar cierta recuperación económica lo antes posible.

Al representar poco menos de 30 por ciento de la economía, estos sectores en conjunto constituyen una esperanza. No obstante, es importante recordar que dichos rubros ya exhibían un anímico desempeño previo al choque Covid-19/precios del petróleo. En particular, en conjunto, esos sectores contribuyeron en -0.3 puntos porcentuales (pp) al avance anual de la industria el año pasado. Para el primer bimestre de 2020, tal contribución anual ya era de -1.2pp y para abril, -3pp.

Las razones de dicho magro desempeño se asociaban tanto a factores exógenos (desempeño industrial en EUA), de política local (construcción) y estructurales (producción petrolera).

Así, no es claro que dichos factores se hayan desvanecido, ni que la simple apertura de tales sectores sea sinónimo de reactivación. Vale la pena tomar en cuenta que la economía abre parcialmente, pero en condiciones distintas a las previas a abril. En específico, encuentra una demanda interna y externa en franco desplome. En este contexto, la reactivación podría tomar mucho más tiempo que el deseado.

¿Qué podría salir bien? Sin duda, una reactivación más acelerada en la industria estadounidense, de la mano de una estrategia industrial coordinada en la zona TMEC, podría configurar un escenario muy positivo para México. Lo anterior dependería en buena medida en la eficacia de los decididos apoyos fiscales y monetarios desplegados en los últimos meses al norte del río Bravo.

¿Qué podría ayudar? Un mayor esfuerzo fiscal contracíclico. En especial si es dirigido quirúrgicamente a los sectores de la población y la economía más vulnerables a los choques recientes.

Por lo pronto, y como lo comenté hace algunas semanas en este espacio, habrá que estar preparado para que los efectos de una reapertura económica no sean drásticos sino más bien graduales, quizás hasta exasperantemente lentos. La economía no hizo pausa en los últimos tres meses, se desplomó por inactividad. Por esto mismo, la reapertura la encuentra en un punto inferior a donde estaba en febrero y la pone de frente a un quizá 'largo y sinuoso camino'.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.