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¿Es el pasto siempre más verde del otro lado de la cerca?

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¿Es el pasto siempre más verde del otro lado de la cerca?

15/09/2020
Actualización 15/09/2020 - 12:11

Una de las preguntas más interesantes que he escuchado recientemente es si existe un contraste notorio entre lo que percibo piensan los inversionistas financieros locales y los extranjeros respecto a México. Y vaya que lo hay, desde mi muy particular experiencia. En general, los locales tienden a ver un panorama más obscuro o de sesgo hacia riesgos negativos. En contraste, los externos parecen privilegiar los contornos y las líneas gruesas alrededor de los fundamentales económicos, ejes de política y agendas políticas gubernamentales. No obstante, no son los únicos ámbitos de contraste.

El local está expuesto a un entorno de alta exposición a eventos y criterios de política con alta repercusión en el marco económico en sus ámbitos familiares, sociales y laborales. Percibe de manera más cercana la polarización de opiniones y lee profundas intenciones en pequeños esbozos de política o en cada expresión corporal o coloquial de las autoridades.

Adicionalmente, y de manera más particular, resulta que algunos de los principales participantes en los mercados locales, como los institucionales, se encuentran más restringidos en cuanto al acceso a activos externos. Lo local y su evaluación suele predominar sobre los factores externos o la interacción con otros activos que cotizan en mercados internacionales.

En contraste, percibo una concepción distinta en el inversionista externo. Para él, México es un elemento más en un portafolio diversificado con un cierto mandato o perfil. En él, México no es una isla ni opera en el vacío. Los activos locales no pueden entenderse sin el franco contraste con otros de distintas latitudes.

Nuestra economía, sus mercados y las líneas de política son contrastados con los de sus pares externos. Son sus diferenciales de rendimiento los que compiten en una asignación de portafolio, así como también la consideración de sus primas de riesgo en términos comparativos. La cotización cambiaria y sus expectativas no pueden ser comprendidas sin el contraste con su valuación ligada a fundamentales ni la relativa a otras monedas.

Como consecuencia de todo lo anterior, detecto a un inversionista extranjero mucho menos preocupado por un posible deterioro fiscal, merma institucional y erosión de capacidad de crecimiento económico en reconocimiento de un entorno global donde no reina la estética fundamental y menos la fiscal.

En contraste, advierte la importancia de un mercado mexicano todavía enmarcado en políticas favorables a la inversión financiera y a los flujos de capitales. Adicional a los todavía atractivos diferenciales de rendimiento y el grado de inversión. Lo anterior en contraste con un mundo caracterizado por el deterioro de sus perfiles crediticios.

Cierro aquí esta exposición que me ha mantenido ocupado reflexionando sobre esos dos perfiles (el local y el externo) que a todas luces guardan contrastes marcados. Después de todo, parece que el pasto luce más verde del otro lado de la cerca más a menudo de lo que uno pensaría.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.