El molesto e incómodo sector externo
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El molesto e incómodo sector externo

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El molesto e incómodo sector externo

09/04/2019
Actualización 09/04/2019 - 11:15

La agenda del gobierno que comienza se encuentra claramente orientada al interior. Se subraya la construcción de un nuevo modelo económico y político y se tiene prisa por ubicarse lo más lejos y rápido posible del anterior establishment. En la actual transformación, se prioriza la construcción de un nuevo arreglo institucional y un cambio en el modelo de relación con los distintos poderes y la iniciativa privada. Se busca que el nuevo proyecto tenga una ejecución lo más inmediata y fluida posible, para esto se busca la desintermediación. No obstante, hay un factor al que se ha hecho de lado y que pronto podría irrumpir y tener el potencial de distraer la agenda de transformación. Dicho factor es el externo. Me concentro en tres de los principales elementos externos que pronto regresan y alteran la realidad local.

Primero, el T-MEC necesita ser ratificado en los respectivos congresos pero antes de eso gobiernos, legisladores y productores tanto en México como en Canadá requieren del desmantelamiento de las actuales tarifas proteccionistas aplicadas sobre el acero y aluminio que se comercia con EUA. Más aún, antes de concentrarnos totalmente al proceso de aprobación del nuevo tratado, los congresistas demócratas en EUA requieren de un cambio legislativo en el sector laboral mexicano a fin de anidar un principio de cumplimiento y monitoreo de los acuerdos en materia de salarios manufactureros en nuestro país.

No será hasta que se aclaren el par de temas arriba mencionados cuando los encabezados noticiosos se concentrarán en un proceso de ratificación del T-MEC que se antoja será algo accidentado en EUA. No parece haber los incentivos políticos para que una mayoría demócrata al norte del río Bravo acompañe un proceso que pueda ser interpretado como una victoria para la actual administración en EUA.

Lo anterior nos lleva a un segundo punto: la carrera presidencial en EUA. Las elecciones presidenciales se llevarán a cabo en noviembre del 2020 y ya en nuestro vecino del norte se cocinan postulaciones demócratas, se recaban recursos y se fijan fechas clave en sus primarias. En tanto, el ejecutivo revive temas y demandas que atienden a su base dura de apoyo electoral. En este contexto, la relación diplomática entre México y EUA se tensa y se alimenta un ambiente ríspido en temas migratorios, de cooperación en materia de seguridad y desarrollo y se comienzan a mezclar las agendas políticas con las diplomáticas y comerciales.

Si bien creo muy factible que el T-MEC sea votado favorablemente este año, el par de factores arriba citados podrían hacer de dicho proceso un camino accidentado, con altibajos y cuestas arriba.

Tercero, la agenda de transformación política y económica a nivel local ya comienza a observar distorsiones y distracciones ante un escenario macroeconómico que se deteriora frente a un ambiente externo retador (desaceleración industrial-manufacturera en EUA). Dicho deterioro ya detonó a nivel local una actualización en materia de planeación fiscal para el año corriente e implicará recortes al gasto público por un monto equivalente al 0.5 por ciento del PIB. Ante un escenario así, las necesidades en materia contracíclica podrían contraponerse en algún punto con los objetivos de consolidación fiscal (cumplimiento del superávit primario del 1 por ciento del PIB).

Estos son solo tres ejemplos en los que el sector externo ya actúa sobre la realidad local y obliga a las autoridades a mirar hacia otro lado. Dudo que la transformación local y su agenda se congelen, no obstante creo que encontraran un relevante distractor en el que se perfila como un molesto e incómodo sector externo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.