Cuatro activos (neo)liberales de la 4T
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Cuatro activos (neo)liberales de la 4T

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Cuatro activos (neo)liberales de la 4T

28/05/2019
Actualización 28/05/2019 - 13:59

Coincido, la de México no es hoy una historia de crisis a corto plazo. La probabilidad de recesión económica se ha elevado recientemente, pero no hay elementos suficientes para pensar que ésta podría ser una debacle en caso de materializarse. Sin embargo, las vulnerabilidades se agrupan y las señales no parecen abonar a una percepción de mayor solidez en el marco macroeconómico y de diseño de política. No obstante, llamo la atención sobre la existencia de al menos cuatro pilares liberales que actualmente continúan teniendo un papel central como garantes de estabilidad. A continuación los enuncio y agrego algunos de sus matices.

Primero. La actual administración ha sido muy clara en respetar el actual régimen de flexibilidad cambiaria, vigente desde que fue introducido como una de las respuestas directas a la crisis financiera de 1995. Desde entonces, dicho régimen ha sido efectivo como mecanismo de absorción y ajuste ante diversos choques tanto externos como internos. Más aún, el peso mexicano se ha convertido en moneda de referencia por su profundidad, su libre convertibilidad y su activa operación. Lo anterior la ha llevado a ser una de las monedas de mercados emergentes más líquidas en el mundo.

Por una parte, el régimen ha sido efectivo como variable de ajuste ante choques, pero por otra, el peso mexicano ya es una moneda que hace mucho más que reflejar meros eventos idiosincráticos o locales. Así, por ejemplo, la eventual fortaleza del peso puede ser resultado de las altas tasas de interés locales pero también de múltiples consideraciones internacionales. De esta forma, la insistencia en darle una interpretación unidimensional al comportamiento de la cotización del peso frente al dólar (reflejo o respuesta a la política económica local, por ejemplo) puede ofrecer una lectura incompleta o hasta resultar contraproducente ante cambios en el entorno global.

Segundo. El libre comercio ha sido una de las principales palancas del desarrollo del sector manufacturero en México (uno de los principales sectores en materia de creación de empleo formal) y detonante de una diferenciación en materia de motores de crecimiento económico con respecto a otras economías latinoamericanas (altamente dependientes de la exportación de materias primas). Sin duda, aunque existen antecedentes importantes, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) fue un punto de partida clave. En este sentido, resulta alentador el apoyo que se sigue brindando a la subsistencia de este acuerdo por parte del Congreso y de la Secretaría de Economía.

En este contexto, también es imposible pasar por alto la necesidad de avanzar en materia de diversificación comercial y de inversión, lo cual podría tener como contraportada la necesidad de diversificar las fuentes de crecimiento económico en México.

Tercero. Subrayo la existencia de un Banco Central autónomo, así como el apoyo explícito a su independencia. Sin duda, su independencia desde 1994 ha sido clave como ancla de estabilidad y credibilidad macroeconómica en México. Resulta casi redundante el subrayar la reconocida calidad del equipo que lo conforma y su envidiable reputación a nivel internacional.

Sin embargo, la sombra de las presiones políticas o legislativas no es nueva, en varias ocasiones en la historia económica reciente hemos observado periodos de franca tensión entre las autoridades hacendarias y el Banco Central. Actualmente éste no parece ser el caso. No obstante, en lo personal me preocupa la posibilidad de que prospere alguna iniciativa legal que vulnere la independencia del Banco Central o pretenda modificar su mandato, independientemente del gobierno en turno.

Cuarto. Destaco el espíritu de disciplina fiscal que continúa vigente hasta ahora. Si bien no comparto la idea de que el endeudamiento es per se el enemigo, valoro cualquier esfuerzo en materia de planeación fiscal, mejoramiento del perfil de deuda y mayor eficiencia de gasto público. Sin embargo, reconozco también que puede haber límites en los esfuerzos de consolidación fiscal y que hay más de una variable de ajuste ante las presiones fiscales que puedan derivarse de un menor crecimiento económico, donde ningún objetivo o proyecto presupuestal debería ser inamovible.

Dicho lo anterior, subrayo los anteriores cuatro principios liberales que siguen jugando un papel fundamental en la estabilidad macroeconómica local y fungen como anclas institucionales. No perdamos de vista estos pilares, constituyen un punto de partida clave para cualquier administración. No son perfectos, pero sí valiosos y sin duda perfectibles.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.