Amenaza tarifaria. ¿Y ahora qué?
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Amenaza tarifaria. ¿Y ahora qué?

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Amenaza tarifaria. ¿Y ahora qué?

18/06/2019

Estamos en la cuenta regresiva de los 45 días. En ausencia de metas explícitas en lo acordado hace poco más de una semana en Washington, se vuelve complicado medir cómo llegamos a la primer reunión bilateral de evaluación de acciones comprometidas. La amenaza vigente de imponer un esquema escalonado de tarifas sobre todos los productos mexicanos en EUA parecería demasiado perjudicial para la misma economía de EUA como para suponer que en algún punto se materializaría. No obstante, ya hemos visto antecedentes similares en las negociaciones EUA-China, y sabemos que dicho escenario no puede ser descartado. Toca entonces pensar en algunos de los escenarios. A continuación planteo tres de alternativas, desde luego no las únicas, que podrían presentarse una vez agotado el reloj.

Primero. Valdría la pena tomar en cuenta el escenario donde pesaría más la consideración del daño que causaría a ambas economías la implementación de las tarifas a los productos mexicanos, la prioridad de no entorpecer el proceso de aprobación del T-MEC en el Congreso de EUA y la presión de los legisladores demócratas y republicanos que se han opuesto abiertamente a las medidas contra los productos mexicanos. En un entorno así, bien podría reconocerse que ha habido avances en materia de control migratorio y seguir “pateando la lata” hacia adelante. En un escenario así, la amenaza tarifaria podría seguir vigente por tiempo indefinido, teniendo como fechas clave las revisiones periódicas de los compromisos adquiridos.

Segundo. En un escenario donde se optara por seguir presionando por un mayor compromiso migratorio, la mesa de discusión bien podría derivar en la exigencia de que México se transformara formalmente en tercer país seguro. Las autoridades mexicanas ya se han manifestado en contra de una opción así. Por lo mismo, en un escenario como ese quizás se requeriría de cierto endurecimiento de la postura mexicana con el fin de crear cierto espacio de negociación. De otra forma, se debería de estar preparado para ceder en algún otro ámbito.

Tercero. En caso de tener un resultado de evaluación desfavorable para México, entre las alternativas también se encontraría el introducir formalmente la posibilidad de represalias comerciales por parte de México. Este escenario muy probablemente llevaría inicialmente a una escalada de tensiones y, de materializarse, posiblemente sería una de las que más daño económico ejercería en ambos lados del Río Grande. El espacio de negociación podría amplificarse, aunque a un costo importante.

Al menos en estos tres escenarios, los costos para México no son cero. En uno el costo se asociaría a la extensión de la incertidumbre tarifaria y sus posibles efectos adversos sobre el ánimo de inversionistas y consumidores. En el segundo, el costo se materializaría vía la exigencia de nuevos compromisos en materia migratoria y la permanencia de un entorno de incertidumbre. En el tercero, los costos económicos e inflacionarios serían más directos.

Todo lo anterior solamente daría ciertas pistas sobre mi percepción de que en casi cualquier escenario, es necesario ponderar los costos asociados a casi cualquier estrategia de negociación. Desde luego, el óptimo sería poder desarticular formalmente el riesgo de implementación de tarifas en temas no relacionados con el comercio, a la par de lograr compromisos mutuos en materia migratoria. La probabilidad de este escenario no es cero, pero en el contexto actual luce complicado.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.